Tiene más cuentas que un rosario.
La boca rige la tierra, pero el mar lo rige la mano.
Dinero guardado, barco amarrado.
Quién come para vivir, se alimenta; quién vive para comer revienta.
Más vale tender la mano que el cuello.
Por el interés, hasta lo feo hermoso es.
Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
Zarajo y ajo arriero, en Cuenca lo primero.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Por unos pierden otros.
El mundo es un tira y afloja, y para que unos rían, otros lloran.
Cada altar tiene su cruz.
Quien a mano ajena espera, mal yanta y peor cena.
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
La cortesía es la compañera inseparable de la virtud.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
El sol siempre reluce.
No deje para las diez, lo que pueda hacer después.
Escoba nueva, barre bien.
Después de la risa viene el llanto.
El que no arriesga no gana.
El mugido de un buey tirando la carreta, presagia la muerte de un vecino.
El que sabe sabe, y el que no sabe es gerente.
Reprende las vidas ajenas con buen ejemplo y no con dicho ni cuento.
Las palabras se las lleva el viento.
Los jovenes ricos, saben el precio de todo, pero el valor de nada.
Pelillos a la mar y lo pasado olvidar.
La alegría alarga la vida; las penas la menguan.
En Octubre, el hogar de leña cubre.
Alquimista certero, del hierro pensó hacer oro e hizo del oro hierro.
Lo que es ajeno, siempre clama por su dueño.
Quien se casa, casa quiere.
Con promesas no se cubre la mesa.
Quien nada pide, nada recibe.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
Hay que darle el beneficio de la duda.
En arca abierta, el justo peca.
Cochino que tuerce la cola, no pone huevos.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Pajes; mozos y era Perico solo.
Es más fácil ser Doctor, a veces, que ser Señor.
El agua es blanda y la piedra es dura; pero gota a gota, hace cavadura.
Panza llena, quita pena.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
En cada tiempo, su tiento.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
La mujer del césar, no solo ha de ser honrada, sino que lo ha de parecer.
Mientras mi vecina sea boba, ¿quién me manda comprar escoba?.
Al arquitecto la piedra, y la casa al empedrador.