Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
Aunque tengas todo lo que desees en la tierra, nunca dejes de mirar al cielo.
Para el bien, de peña; para el mal, de cera.
A la hembra desamorada, a la adelfa le sepa el agua.
Siempre ayuda la verdad.
Mejor el demonio que te hace progresar, que el ángel que te amenaza.
La experiencia es la madre de la ciencia.
El que paga lo que debe tiene derecho a pedir más.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
Árbol que no da frutos, pide sustituto.
Apenas cierra Dios una puerta, y ya tiene una ventana abierta.
Compra de quien heredó, no compres de quien compró.
A la muerte pelada no hay puerta cerrada.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
La amistad hace lo que la sangre no hace.
Es viejo, pero no pendejo.
Si quieres ganarte un enemigo, presta dinero a un amigo
Médicos y abogados, Dios nos libre del más afamado.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
Bien urde quien bien trama.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
El que no tiene mujer, cada día la mata; más quien la tiene, bien la guarda.
Al que le venga el guante que se lo calce.
El que a pueblo ajeno va a casar, o va engañado o va a engañar.
Barco grande ande o no ande, y mujer grande aunque me mande.
Quien da y quita lo dado, es villano desalmado.
El hombre que permanece en pie hace también el trabajo del hombre sentado
A un traidor, dos alevosos.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
Si el trabajo enorgullece, recuerda que el orgullo es pecado.
Van al mismo mazo.
Dame consejos sanos y dinero para ejecutarlos.
El cornudo es el último que lo sabe.
Quien tiene tienda que atienda y, si no, que la venda.
Al capón que se hace gallo, azotallo.
Nadie perdona que le hagan un favor.
Por San Andrés, corderillos tres.
Tales son migas de añadido, como mujer de otro marido.
A ama gruñona, criada rezongona.
Al que bien come y mejor bebe, la muerte no se le atreve.
Donde manda el perro, se ata al amo.
Ama a tu vecino, pero no quites la cerca.
Dan el ala para comerse la pechuga.
La prisa es la madre de la imperfección.
El que se enfada en la boda, la pierde toda.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Crece donde has sido plantado. Empieza a tejer, y Dios te dará el hilo.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
Por San Blas, una hora más.
El que regala, no vende; pero sorprende.