Por gustos o pareceres, no discutas ni te alteres.
Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó.
Siempre queda algo de fragancia en la mano que da rosas.
Necios y gatos son desconfiados.
Rubias o morenas, cuando pierden el tinte, dan pena.
Las cosas se toman según de quien vengan.
El hombre de carácter atraviesa mil ríos sin mojarse los zapatos
Lo más feo, con interés, hermoso es.
Indio que mucho te ofrece, indio que nada merece.
Con tontos, ni a coger hongos.
De las carnes, el carnero; de los pescados, el mero.
El burro hablando de olotes.
A buenos ocios, malos negocios.
A la cabeza, el comer endereza.
¿Qué es la lengua en la boca del virtuoso? Es la llave que abre un tesoro.
Estas son lentejas; si quieres, las comes, y si no, las dejas.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Gachas de almorta, el estómago confortan.
Cada cual mire por su cuchar.
Lo que sea que suene.
Si quieres participar de la olla ajena, que la tuya no tenga tapadera.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
Amores reñidos, los más queridos.
Los escándalos de familia no deben trascender para afuera.
Amores de lejos no son parejos.
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
Dar con la puerta en la cara.
No hay manjar que no empalague, ni vicio que no enfade.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Carnero castellano, vaca gallega, arroz valenciano.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
El tiempo pasa en un abrir y cerrar de ojos.
De tales devociones, tales costurones.
No comas judías cuando hayas de andar entre gente de cortesía.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Miel sobre hojuelas. (para indicar que algo es muy bueno)
El que más madrugo, un talego se encontró.
Juntos pero no revueltos.
Riquezas con sobresaltos, miserias las llamo.
Bonita, buena y rica con seso, bocadito sin hueso.
No hay que dejar escapar una oportunidad, que nunca va a presentares otra vez.
Lecho y pan tener seguros, aún cuando sean algo duros.
Esto son habas contadas.
Para disfrutar hay que empezar por olvidar
Ovejas y muchacha, al atardecer a casa.
Aceitunas amargas, con el vino se pasan.
Las grandes almas tienen voluntades; las débiles tan solo deseos.
El día tiene ojos, la noche tiene oídos.
Variante: El caballo y la mujer, donde se puedan ver.