A perro colimbo, sartenazo en los hocicos
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
La belleza siempre tiene razón
La lengua es manjar muy grato, pero servida en el plato.
Aguas tempranas, buena otoñada.
Cuando soplan vientos de cambio, algunos constryen muros, otros molinos.
Donde va el mar, que vayan las arenas.
Dan pañuelos a quién no tienen narices.
Cachetón en cara ajena, cara cuesta la docena.
El que quiera/e la col, quiera las hojas de alrededor.
La cortesía exige reciprocidad.
Entre San Pedro y San Juan, las hierbas olores dan.
Peixe con ollos, á caixa. Pez con ojos, a la caja.
El hombre que consigue ver las cosas pequeñas tiene la mirada limpia.
Siendo tan bellas las flores de loto, solo con el verdor de las hojas resalta su hermosura.
Hombre bermejos, ni de cerca ni de lejos.
No tengáis en cuenta lo que vuestro corazón dice sobre la almohada
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Quien empiece el juego que siga con él
La humanidad se divide en tres clases: los inamovibles, los móviles y los que se mueven.
Otoño entrante, barriga tirante.
En el país de las palmeras se alimenta el asno de dátiles.
El ojo del puente, el baratillo y el pan, como se estaban están.
A cada cabeza, su seso.
Perros y gatos, distintos platos.
Ojo al parche.
Date a deseo y olerás a poleo.
Si tras la belleza no encuentras una mente sabia, considérala como la de un animal
La comida entra por los ojos.
Inclinar la balanza.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
El arco al poniente, desunce los bueyes y vente.
Ojos que no pueden ver, de vidrio tienen que ser.
Con persona de pelo panojo, mucho ojo.
La mano que da está por encima de la mano que recibe
Gracias fuera de sazón, desgraciadas son.
Adentro ratones, que todo lo blanco es harina.
Acudir a los palabras y no a los puños, como es propio del caballero.
Los locos a la guerra, los cuerdos en su tierra.
Iranse los huéspedes y comeremos el pollo.
Los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos.
Las cosas lo que parecen.
Quien pisa con suavidad va lejos. Proverbio Irlandés
Al olor de los dineros ya vendrá algún forastero que no conozca tu historia con los ojos bien tapados como el burro de la noria.
Yantar aquí es un encanto, si tomas "duelos y quebrantos".
El sabor de la salsa es mejor que el del cuenco en el que viene.
Las cosas se parecen a sus dueños.
De la norteña y la tapatía, la primera tuya, la segunda mía.
Abejas y ovejas, en sus dehesas.
Pedir las perlas de la virgen.