De este destripaterrones venimos los infanzones.
Necio que sabe latín, doble rocín.
Un abogado listo, te hará creer lo que nunca has visto.
Los amigos se conocen en las ocasiones.
Es más fácil hablar que saber guardar silencio.
El corazón no habla, pero adivina.
El mundo es de los audaces.
Quién escucha la voz del anciano es como un árbol fuerte; quién tapa los oidos es como una rama al viento.
Las palabras mueven, los ejemplos arrastran.
Las palabras vuelan, los escritos se conservan.
Las indirectas del padre Cobos.
Los dioses ayudan al que trabaja
Jugar la vida al tablero.
A gran culpa, suave comprensión.
Los más completos varones, se amarran los pantalones.
Es mejor callar y parecer idiota, que hablar y no dejar la menor duda.
El valor crea vencedores; la concordia crea invencibles.
Tres personas con las que nunca deberías hacer negocios: La demasiado impaciente, la demasiado ambiciosa y la demasiado desesperada.
Ojos de extraños no alcanzan a ver los daños.
El que se prepara para lo malo, lo recibe preparado y amortigua el golpe.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
Cara sin dientes, hace a los muertos vivientes.
Nada necesita quien tiene bastante.
A donde vas bien. A donde más se tiene.
Hablar, no cuando puedas, sino cuando debas.
Las palabras conmueven, pero el ejemplo convence y arrastra.
La ciencia no es para el borrego, ni las velas son para ciego.
A grandes males, grandes enfermos.
Ignorar para preguntar y preguntar para saber, eso es aprender.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
Si orar es de hermanos, rectificar es de humanos.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Quien vive de recuerdos, vive entre muertos.
Más ordinario que un sapo en un acuario.
El que busca, encuentra.
Gente castellana, gente sana.
Coge una abeja amablemente y aprenderás las limitaciones de la amabilidad.
De pico, todos somos ricos.
El joven armado y el viejo arrugado.
No temas a la competencia, teme a tu propia incompetencia.
Antes de hablar, pensar.
Ojos que no ven, gallinas al saco.
A embestida de hombre fiero, ¡pies para que los quiero!.
El pícaro y el villano, la pagan tarde o temprano.
Desvélate por saber y trabaja por tener.
La abadesa más segura, la de edad madura.
El estúpido es como el ladrón de campanas que se tapa los oídos para no ser oído mientras roba.
Mejor solo que mal acompañao.
Por los ojos entran los antojos.