Harto fue de desgraciada la que nunca la dijeron nada.
Díjome mi madre que porfiase, pero que no apostase.
El amor y el vino sacan al hombre de tino.
Una cosa es la que piensa el amo y otra la que piensa el caballo.
Donde hay carne, hay hermosura.
Más mato la gula que la espada.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
La hambre no tiene aguante.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
Tu eres tu propia barrera; sáltala desde dentro
Enfrenta la lengua; considera y rumia las palabras antes de que salgan de la boca.
El que sabe sabe y el que no es empleado publico.
El que más hace, menos alcanza.
Hay que dar tiempo al tiempo.
La suerte del gavilán, no es la misma del garrapatero.
Hacer oídos de mercader.
Dos capitanes hunden el barco.
A quien te hizo una hazle dos, aunque no lo mande Dios.
Habladas o escritas las palabras, sobran las que no hacen falta.
Si eres tímido no conseguirás nada bueno ni malo, es decir, nada.
De lo que pensé para mí, a nadie cuenta di.
Bien guardar no es poco ganar.
Se pudo una vez, se podrá de nuevo.
En lágrimas de mujer y en las cojeras del perro, ninguno debe creer.
No importa cuantas veces hayas caído, lo importante es cuantas te puedas levantar.
Quien da el consejo, da el tostón.
Es preferible sufrir un agravio que causarlo.
Al roble no le dobles.
El terco que se empecina, al fin descubre la mina.
Bien sabe la rosa en qué mano posa.
El que tiene boca, se equivoca, y el que tiene culo se pee.
Lo poco gusta, lo mucho cansa.
Más le quiero mozo y pobre que no viejo que se doble.
Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto.
No todo el que llora, de pena llora.
La edad de oro nunca es la presente.
Nadie sabe para quien trabaja.
La lluvia solo es un problema si no te quieres mojar.
Pajarico que escucha el reclamo, escucha su daño.
En cabeza limpia, nunca piojos ha de haber.
En el amor y en las luxaciones las recaídas son frecuentes
Al desnudo, todo le llega menos ropa.
Más chuletas y menos servilletas.
Ricos, pobres, flacos, gordos, todos mordemos el polvo.
Con el tiempo que pasa se conoce el corazón del hombre.
Dios aflige a los que bien quiere.
Haz lo que diga el fraile y no lo que hace.
Por San Mateo, tanto veo como no veo.
Quien quiera saber, que compre un viejo.