Tres hijas y una madre, cuatro diablos para el padre.
Cuando te convida el tabernero, te convida con tu dinero.
El agraviado, nunca desmemoriado.
A buey viejo, no le cates abrigo.
Casado por amores, casado con dolores.
El amor enseña incluso a un cura a bailar
El hijo que quieras más, ése se te irá en graz.
Una mano no aplaude. Dos manos si.
En mi huerto te crié, de tu fruto nunca comí, los milagros que tú hagas, que me los cuenten a mí.
Eso es harina de otro costal.
Manos que no dais, ¿qué esperáis?.
Las letras con sangre entran.
Hay un tiempo para soñar y otro tiempo para actuar. Solo el sabio sabe la diferencia.
Quien tiene en el corazón el amor por una mujer, no tiene tiempo de odiar
Los sordos no oyen, pero componen.
Variante: El pez que busca el anzuelo, busca su duelo, dice mi abuelo.
Acarrear leña para apagar un incendio.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
Cruz a su ermita y el cura a su misita.
Donde no hay pan, se va hasta el can.
Yerno, sol de invierno, sale tarde y pónese luego.
Roer siempre el mismo hueso
El aburrimiento es una desgracia
El buen carpintero mide dos veces, corta una.
Nadie, nadie se conmueve, por la sed con que otro bebe.
Ingratos hacen recatados.
Come y bebe, que la vida es breve.
No hay que llevar cocos al puerto.
De los olores, el pan; de los sabores, la sal.
Ave que vuela, a la cazuela.
El buen vino, venta trae consigo.
Comida hecha, amistad deshecha.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Hoy es el mundo; mañana es otro mundo
Tiempo pasado, con pena recordado.
Las maldiciones son como las procesiones; por donde salieron vuelven a entrar.
Si Dios hizo la abeja, hizo la avispa el diablo.
Duerme el leal lo que al traidor le place.
Un hombre puede seguir vivo después de haber perdido la vida, pero no después de haber perdido su honor.
Oro y jade por fuera y algodón podrido por dentro.
Recoger las semillas de sésamo pasando por alto las sandías.
Da y ten, y harás bien.
Ni para Dios, ni para el diablo.
Las cosas se toman según de quien vengan.
A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
La esperanza es lo último que se pierde.
La tercera es la vencida"
No se bañaba y se bañó, su mujer se lo pidió.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
El que pide lo justo, recibe migajas.