Por fin lo comprende mi corazón: escucho un canto, contemplo una flor: ¡Ojalá no se marchiten!
Es de sabios preguntar y de tontos el callar.
El follo del santo, no hiede tanto.
Padecer cochura por hermosura.
Amor sin sacrificio, más que a amor, tira a fornicio.
El buen bebedor bien sabe. cuanta cerveza le cabe.
Mojarse el potito.
Barájamela más despacio.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
El placer y la alegría del hombre radica en aplastar al rebelde y conquistar al enemigo, en arrancarlo de raíz, y tomar de él todo lo que tiene
El que quiera ser bohemio, que no se eche el lazo al cuello.
Escrita la carta, mensajero nunca falta.
Oír como quien oye llover.
El miedo guarda la viña.
Bebe leche y bebe vino y de viejo estarás como un niño.
El que disfruta insultando a la gente con sus escritos es como una bruja; el que disfruta adulándolo es como un quiromántico
Iglesia llena antaño, vacía hogaño.
Los besos son como las cerezas: uno lleva a otro
Después de un gustazo, un trancazo.
Ahorrar no es solo guardar sino saber gastar.
En todas partes cuecen habas y en mi casa a calderadas.
Más sordos y cegatones, quienes no aceptan razones.
Amor de lejos, amor de pendejos.
Mujer pecosa, mujer candela.
Carne blanda y vino puro, alimento seguro.
Santo que no es visto no es adorado.
Hasta los animales cuidan sus crías.
Ni mula con tacha, ni mujer sin raza.
La felicidad viene a la casa donde se ríen.
Agárreme, que llevo prisa.
A largos días, largos trabajos.
El buen mosto sale al rostro.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Harto desatina quien a los sesenta años no adivina.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Hombre chico, pensamientos grandes.
Solo posees aquello que no puedes perder en un naufragio.
Cada uno limpia la nieve delante de su casa sin preocuparse de la escarcha en el tejado ajeno.
Del odio al amor hay solo un paso.
Quien te toca y se chupa los dedos, si te mueres, te comerá
Otros vendrán, que bueno me harán.
La libertad vale más que el oro
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
No gastes pólvora en gallinazos.
Pedir al hombre veras es pedir al olmo peras.
Caballo que no sale del establo, siempre relincha.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
El que camina, no estorba.
Usa los medios y confía en que Dios de su bendición.
Donde hay ganancias las pérdidas se esconden por ahí cerca.