Si te cansas de un amigo, préstale dinero.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
En tiempo de verano, el capote con su amo.
Deja la h de ayer para hoy.
A la vejez aladares de pez.
Muchos pocos hacen un mucho.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
La vida es una cuarentena para el paraíso.
Las berzas de enero, escurren el puchero.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Lo que siembras cosechas.
La vida es un trabajo que hay que hacer de pie
En el pecado se lleva la penitencia.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Hierba segada, buen sol espera.
Caballo de buena medra, no se cansa ni se arredra.
En el verdadero amor es el alma la que abraza al cuerpo
A cada santo le llega su día.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
De cielos abajo, cada uno come de su trabajo.
El marido celoso nunca tiene reposo.
Demasiada charla al lado del horno convierte las mil hojas en carbón
Quien mucho desea, mucho teme.
Mujer moza y Viuda, poco dura.
Donde hay hambre no hay pan duro.
No vacíes tu vientre a todo el mundo ni dañes la consideración que de ti tienen.
El que va a la bodega y no bebe, buena vez se pierde.
Los tejados viejos necesitan muchas reparaciones
Zapatero a tus zapatos.
Amigo traidorcillo, más hiere que un cuchillo.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
De lejos llegaran, y de casa nos echaran.
Quien briega y se esmera, al fin se supera.
Antes mujer de un pobre que manceba de un conde.
Si no es Juan, es Pedro.
A las personas recién se las valora cuando se las pierde.
El perro que da vueltas, se echa en la ùltima.
Quien no sabe de abuelo, no sabe de bueno.
Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.
Lo hermoso, a todos da gozo.
La adulación es como la sombra no nos hace ni más grande ni más pequeño.
La admiración alaba, el amor es mudo
La ley es como la tela de araña, atrapa los bichos chicos y deja pasar a los grandes.
Para aprender a rezar no hay como viajar por mar.
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Con quien no tiene más Dios que su plato, poco trato.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.