Más grande que el apetito, el ojo que mide el frito.
Con tal de que se vaya, aunque le vaya bien.
La prisa es la madre de la imperfección.
Agárreme, que llevo prisa.
La ignorancia es pasajera, el conocimiento es perdurable.
Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama.
Una equivocación, cualquiera la tiene.
A Roma por todo.
Palabras son cosa fría para el que aún de las obras no fía.
No importa cuantas veces hayas caído, lo importante es cuantas te puedas levantar.
Mujer pecosa, mujer hermosa.
La mujer consigue plata con solo alzarse la bata.
En esta vida no hay dicha cumplida.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
La cuestión no es llegar, sino quedarse.
La felicidad es como un león insaciable
El dinero es igual al estiércol, solo sirve para estar esparcido.
Dices tu pena a quien no le apena, te quejas a madre ajena.
La belleza atrae, el talento retiene y el corazón sostiene.
Dios nos libre de un ya está hecho.
La honestidad es un vestido de oro
Arcaduz de noria, el que lleno viene, vacio torna.
De caballo de regalo a rocín de molinero.
El amor encogido en poco es tenido.
A nadie le parece poco lo que da, ni mucho lo que tiene.
Escarmentar en cabeza ajena, doctrina buena.
Cuando tengas un convidado, añade algo a lo acostumbrado.
Dar en el clavo.
Hace tiempo solía meditar durante muchos días seguidos, pero vivir un breve espacio de tiempo vale más; hace un tiempo solía ponerme de puntillas para mirar lejos, es mejor ampliar el propio horizonte subiendo a un montículo
Agua de mañana, o mucha o nada.
El comedido sale jodido.
De la vista nace el amor.
Si los hombres estuviesen tan satisfechos de su suerte como de sí mismos, serían en su mayoría felices
El que del campo viene, cenar quiere.
Una gota de sangre vale más que cien litros de amor.
Refranes de los abuelos, breve evangelio.
Un hombre sin amigos es como un abedul desnudo, sin hojas ni corteza, solitario en una colina pelada.
Más largo que un día sin pan.
A buen comedor, quitárselo de delante.
Dios es la medida de todas las cosas.
Con pasteles de esperanza, nunca se llena la panza.
De los olores, el pan; de los sabores, la sal.
Uno no vale lo que pide sino lo que le pagan.
El que come y deja, dos veces pone la mesa.
Ojos dulces y apacibles, pero hay cosas más tangibles.
Es mejor preguntar dos veces que extraviarse una.
Castigo de uno, escarmiento de muchos.
A gran arroyo, pasar postrero.
La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz.
Lo que abunda no daña.