Pan de hoy, carne de ayer y vino de antaño y vivirás sano.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Pascua pasada, el martes a casa.
Hábito malo, tarde es dejarlo.
Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
Llave puesta, puerta abierta.
Con ciertos amigos, no se necesitan enemigos.
Quien quiere tener un niño cueste lo que cueste, se casa con una mujer embarazada.
El diecisiete de enero piden por sus animales desde el pastor al yuntero.
Ni mueras en mortandad ni juegues en Navidad.
Ni cenamos ni se muere padre.
Primavera seca, verano lluvioso y otoño desastroso.
Que sabe de amores, el que nunca se ha casado.
El interés tiene pies y yo también.
Si voy, con lo que te doy.
No dejes que tus recuerdos pesen más que tus esperanzas.
El buen saber es callar, hasta ser tiempo de hablar.
Buena es la nieve, sí en enero viene.
Que cada cual espante sus pulgas.
Más vale el placer que dura un momento que el dolor que dura una vida.
Los esposos descuidados echan a perder la casa.
Guarismo eres y no más; según donde te pongan, así valdrás.
Como hormigas en la sartén al fuego.
No hay mejor beleño que el buen sueño.
Firmar sin leer, solo un necio lo puede hacer.
El dormir es el hermano menor de la muerte.
El que es perico donde quiera es verde y el que es pendejo donde quiera pierde.
Cuando más descuidado estás, viene la muerte y ¡zas!.
Pan y vino andan camino.
Acostumbrado a su cueva el armadillo no se aleja.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
Cada malo tiene su peor.
Quien se ha cansado bajo el sol del verano, que se guarde del sol del invierno y se caliente al calor de la chimenea
El que con cojos anda se llama bastón.
La verdadera amistad no se hiela durante el invierno
Hay quien las mata callando.
A la rana no le gusta que se sepa que fue renacuajo
A rey muerto, principe coronado.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
Es más popular que la adelita.
El amor y el reinar, nunca admiten compañía.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
Cuando el río suena es porque piedras trae
Prefiero ponerme colorado una vez que rosado muchas veces.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
En casa con hombres y sin vino, todo anda mohíno.
Quien teme la muerte no goza la vida.
Las palmas son más altas y los burros comen de ellas.
Mujer ordenada, con poco lleno su casa.
Quien te alaba en tu presencia te censura en tu ausencia