La amistad entre los hombres que se estiman es como la luna nueva que crece a medida que pasan las noches
El corazón engaña a los viejos.
Más son los amenazados que los acuchillados.
El vino puro dirá quién es cada cual.
En casa del carpintero, zuecos de hierro.
Los cuernos y las canas no salen por la vejez.
Donde no hay cabeza todo se vuelve rabo.
¿El azar? Pero si es Dios de incógnito
El que rompe viejo, paga nuevo.
¡Sálvese el que pueda que la barca esta haciendo agua!
Oye lo que yo digo y no mires lo que hago.
El que tiene boca, se equivoca.
Hay quien busca un burro estando sentado sobre él.
Cercón lleva la luna, mi amor se moja.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
La enfermedad y el anciano, siempre de la mano.
De lo que no sabes, no hables.
Loro viejo no da la pata.
Adoba tu paño y pasarás tu año.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
La zarza da el fruto espinando y el ruin llorando.
Dar la soguilla para sacar la vaquilla.
El mal y el bien no son amigos, pero son vecinos.
Zapatero solíades ser; volveos a vuestro menester.
El pasado tiene más perfume que un bosquecillo de lilas en flor.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.
El que mal anda, mal acaba.
De mi maíz ni un grano.
Casa en plaza, los quicios tienen de plata.
A escote, no hay pegote.
La sierra, con nieve es buena.
De mí y de todos te burlarás, pero de Dios no escaparás.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
Tu mujer te pedirá disculpas cuando la luna se caiga.
El que nada no se ahoga.
Donde lloran esta el muerto.
Está comiendo zacate el burro.
Por los reyes lo conocen los bueyes.
Hija que casas, casa que abrasa.
Más vale llorarlas muertas que no en ajeno poder.
Ante la duda, la Charly.
La ocasión asirla por el guedejón.
Un perro sabe donde se tira comida.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Insistir al que es porfiado, es llover sobre mojado.
Lo que va a la barriga si no mata, engorda.
Aunque soy tosca, bien veo la mosca.
El interés tiene patas.
Daría yo un ojo, porque a mi enemigo sacasen uno.
Una mano y un pie no aplauden juntos.