Los hombres son como los caracoles que con el buen tiemposalen de la concha y con el malo se esconden en ella
Amistades que son ciertas mantienen las puertas abiertas.
A nuevos hechos, nuevos consejos.
Compañía del ahorcado: ir con él y dejarle colgado.
Hay ropa tendida.
Las mujeres donde están sobran, y donde no están faltan.
Fiar del mozo y esperar del viejo, no te lo aconsejo.
Buey viejo asienta bien el paso.
Las desgracias tienen los oídos sensibles
No ver, y creer en lo que no se ve, son elementos esenciales de la fe
Vida sin amor, años sin verano
El crédito fue asesinado por los malos pagadores
Más vale estar solo que mal acompañado.
El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor.
Dale Juana con la canasta (cuando alguien insiste mucho con un tema en particular)
Cortesía de boca, gana mucho a poca costa.
El enano ve gigantes por todas partes.
Zamora no se ganó en una hora.
Hecha la ley, hecha la trampa.
El letrado y la paciencia ganan la sentencia.
Cuando el tabernero vende la bota, o sabe a la pez o esta rota.
Quien poca tierra labra y bien la cultiva, que ponga al granero vigas.
Llevar agua al mar.
Que no te den gato, por liebre.
El vino, de la verdad es amigo.
Mandar quiero, aunque sea en un gallinero.
Bueno de asar, duro de pelar.
Lo cómodo o lo expedito, es mejor que lo bonito.
Tu hablar te hace presente.
El que monta un negocio y no es pesetero, pronto pierde su dinero.
Quien bien siembra, bien coge.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
Baños, hasta los cuarenta años.
Ni tiñe ni da color.
A consejo malo, campana de palo.
En Octubre, toma los bueyes y cubre.
Si quieres con tu familia reñir, echa algo a repartir.
Ganas tienes y con ellas te entretienes.
Con lo que Sancho sana, Domingo adolece.
Cobre gana cobre, que no huesos de hombre.
La burra no era arisca pero la hicieron.
El que habla de la mar, en ella no suele entrar.
Ligero como el ave de San Lucas.
Despacio, que llevo prisa.
Beba la picota de lo puro, que el tabernero medirá seguro.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
¿Fiaste?. ¡La cagaste!.
Quien escribe mucho desvaría
El avaro se roba a sí mismo. El pródigo, a sus herederos.
Quien tiene alforjas y asno, cuando quiere va al mercado.