La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
Sabios conocí; sabios para los otros y necios para mí.
Quien viste de harapos en un país donde todos van desnudos, será tomado por loco.
A gente villana, pocas palabras y ésas, claras.
No agarres la cola del leopardo, pero si la tienes, no la sueltes.
Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro.
Tira en pleno Nilo al hombre afortunado, que volverá a salir con un pez en la boca.
Ramos mojados, ésos mejorados.
De higos a brevas, larga las lleva.
Cuando el corsario promete misas y cera, con mal anda la galera.
Puso pies en polvorosa.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Los padres a brazadas, y los hijos, a pulgadas.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
El hambre y la guerra, para verlos a cien leguas.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
Siempre friegan los platos los mentecatos.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
El dinero es bueno para siervo, malo para dueño.
No confundas al hombre en el tribunal ni desvíes al justo.