El yerro del médico, la tierra le tapa; el del letrado, el dinero le sana.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Quien quiera mujer eterna que se case con una enferma.
Calva buena, luna llena.
Jabón e hilo negro, todo es para la ropa.
El que bruto entra, bruto se ausenta.
Dios te guarde de hombre que no habla y de can que no calla.
Bloque de pisos grandes, guerra de vecindaje.
El porrazo da más ira, cuando la gente nos mira.
La única felicidad consiste en la espera de la felicidad
Fruta prohibida, más apetecida.
Amor viejo, pena pero no muere.
Tentar la huevera a las gallinas
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Muerte no venga que achaques no tenga.
En casa del herrero, martillo de palo.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
El mucho vino, no guarda secreto ni cumple palabra.
Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.
La leña verde, mal se enciende.
Ama y serás amado: teme a Dios y serás honrado.
De lo propio, se da un puñado; de lo ajeno, llena el saco.
Lejos de los ojos, lejos del corazón.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
El que de veras quiere dar, no ofrece.
Dios tarda, pero no olvida.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Orden y contraorden, desorden.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Lo que vas a gastar en el adivino, mejor gástatelo en vino.
Nunca te duermas en los laureles.
Pan es pan, jalea es jalea, no hay amor sin una pelea.
Solo se tiran piedras contra el árbol que da frutos.
Hay golpes tan fuertes en la vida, yo no sé!
Lo que no se conoce no se apetece.
Algo bueno trae la adversidad consigo; que ahuyenta a los falsos amigos.
Una tormenta de arena pasa; las estrellas permanecen.
A la mujer y a la mula, vara dura.
Alforjas llenas quitan las penas.
La mentira es animal de quinta vida.
Hacer favores, empollar traidores.
Me mandaron a la guerra sin fusil.
Cuando Dios borra, escribir quiere.
Anda a chinga a otro lado mejor..
El que no duda, no sabe cosa alguna.
La fortuna es un montoncillo de arena: un viento la trae y otro se la lleva.
Quien fuerza ventura, pierde rencura.
De gran corazón; el sufrir y de gran seso, el oír.
La mujer mezquina, debajo de la escama, haya la espina.
No falta un burro en un mal paso.