Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
La violencia es el refugio de las mentes pequeñas.
Ganancia inocente, no lo verás fácilmente.
Confía tus secretos a un amigo y te tendrá cogido por el cuello
Media vida es la candela, y el vino la otra media.
El arco al poniente, desunce los bueyes y vente.
El que bien huele, mal hiede.
El mal oficial le echa la culpa a la herramienta.
Riñas de enamorados, amores doblados.
El hacer bien a un bellaco, es guardar agua en un saco.
Ante el menesteroso, no te muestres dichosos.
Los esposos descuidados echan a perder la casa.
Ni casa junto a río, ni viña junto a camino.
Todos llaman a la puerta de aquel que llama a todas las puertas
El bien hacer abre cien puertas, y el mal agradecer las cierra.
Ser el último orejón del tarro.
Dáis por Dios al que tiene más que vos.
A lo hecho, pecho.
Tú que mientes, ¿qué dijiste para mientes?.
Si te vieres en prosperidad, acuérdate de tu adversidad.
Si quiere hacer las cosas mal, hazlas deprisa.
Hasta una hormiga que pierde, duerme. Hay dos animales ingratos: las mujeres y los gatos.
Habrá quien te dé, pero no quien te ruegue.
Imaginación suelta, en un instante anda mil leguas.
Cuando el doliente va a las boticas, una persona pobre y dos ricas.
Horizonte claro con cielo nublado, buen tiempo declarado.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
Calle mojada, caja cerrada.
Ama a quien te ama, y no a quien te ilusiona.
Dineros de sacristán, cantando se vienen cantando se van.
Bien reza, pero mal ofrece.
El mal ajeno no cura el mío.
Boticario que equivoca el tarro, manda al enfermo a mascar barro.
Aclaración no pedida, acusación manifiesta.
Nadar, nadar, y a la orilla ahogar.
Dame Dios marido rico, aunque sea un borrico.
De los vanos temores nacen todos nuestros daños.
Muertos los piojos por hacer Columpio.
Vale más un fiero león delante de uno que un perro traidor detrás.
Cuando la imaginacion idealiza a una persona, la realidad se encarga de destruirla.
Mira hacia el sol, pero no des la espalda a la tormenta.
Aunque te chille el cochino, no le aflojes el mecate.
Bebido el vino, perdido el tino.
Cada uno halla horma de su zapato.
Lo que no quiere el hortelano le produce la huerta.
Obra a destajo, no vale un ajo.
De esas pulgas, no brincan en mi petate.
El Señor no deja sin comer al justo, pero frustra la avidez de los malvados.
Espera debajo al que está arriba, caerá.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.