Tapar la nariz, y comer la perdiz.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
Es hombre honrado el que es todo lo que hay que ser para no morir ahorcado.
Dios nos libre del día de las alabanzas.
Cuando el español canta, o ha llorado o no tiene blanca.
Diste la mano y te agarraron el pie.
Abogado de ricos, mal de pobres.
De la panza sale la danza.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
La casa caída, el corral agrandado.
No merma el daño el ser muchos a llorarlo.
La que al diablo su carne dio, ofreció sus huesos al Señor.
Volverse la albarda a la barriga.
Pan y vino andan camino, que no mozo garrido.
Más raro que perro verde
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
Aunque se cubra de sedas, el perro huele mal.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
Por una alegría mil dolores
Si has obtenido la riqueza con falsos juramentos, tu corazón será pervertido por tu vientre.
Burro prestado termina con el lomo chollado.
De baños y de cenas están las sepulturas llenas.
Tan cabrón se es con un cuerno como con dos.
Los suspiros llegan mas lejos que los gritos.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Ni hagas cohecho ni pierdas derecho.
Hijo mimado, hijo malcriado.
Nunca falta quien dé un duro para un apuro.
Antes se llena el cuajo que el ojo.
Cuatro pies en la cama y no está padre.
Mujer que al andar culea, bien se yo lo que desexa.
A la gallina no le pesan sus plumas.
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
Nada con nada, total nada.
El zorro que come gallinas cuando ve el gallinero suspira.
Buena ventura solo con otra dura.
De tales devociones, tales costurones.
Cada cual conoce el trote de su caballo.
Ni aunque estudie en Salamanca, se hace la prieta blanca.
Si eres escrupuloso, no esperes ser muy rico ni muy famoso.
Mejor que sosobre y no que sofalte.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Los celos son malos consejeros.
El que más habla es el que más tiene por qué callar.
Mozo sermonero o no tiene novia o no tiene dinero.
El que hace trampas jugando, al infierno se va caminando.
Ni tanto ni tan calvo.
No hay joven fea, ni vieja hermosa.
Si no gozo de mi dinero, ¿para qué lo quiero?