El mundo es un tira y afloja, y para que unos rían, otros lloran.
Lo que me incomoda no me agrada y lo que no me parece bien tampoco me gusta.
El aburrimiento es consecuencia de la pereza
Cruz a su ermita y el cura a su misita.
Rica que con pobre casa, un criado más tiene en su casa.
Libro prestado, libro perdido.
Dirán si eres limpio o guarro, las costeras de tu carro.
Cuando el daño está hecho todos saben aconsejarte
El que algo quiere, algo le cuesta.
Grano a grano, hincha la gallina el papo.
Comer en bodegón y joder en putería.
Conciencia ancha, la bolsa ensancha.
Ya apareció el perdido, y más valía que no hubiese aparecido.
Está más pelao que las rodillas de un cabro.
No compres de quien compró; compra de quien heredó, que no sabe lo que costó.
Nadie se puede evadir de lo que está por venir.
Cantó al alba la perdiz, más le valiera morir.
Tú no llevas vela en este entierro.
Consejos y un remedio, no valen un real y medio.
Cuanto vino entra, tantos secretos salen.
Lo que escatimes a tu mujer, no lo gastes en beber.
Que mi Dios nos dé un varón, aunque resulte bribón.
El soldado que ha huido cincuenta pasos se ríe del que lo ha hecho cien pasos.
Está como abeja de piedra.
Cavas tu tumba con los dientes.
Al perro que es traicionero, no le vuelvas el trasero.
Nunca patees el pesebre que te vio nacer.
No hay mujer por buena que sea, que cuando mea no se pea.
Sientate en la puerta de tu casa, y verás pasar el cadáver de tu enemigo.
Boca sin dientes, casa sin gente.
Hasta el más delgado pelo, hace una sombra en el suelo.
El que no tiene hechas no tiene sospechas.
Pedir al hombre veras es pedir al olmo peras.
Uno tiene la fama, y otro lava la lana.
En calabaza o bota, lo que bebes no se nota.
A las penas y al catarro, hay que darles con el jarro.
El que ve la mota en el ojo ajeno, vea la viga en el suyo.
Cruz y raya, para que me vaya.
Perder es mucho ganar, si no has de volver a jugar.
Al hombre por el verbo y al toro por el cuerno.
El viejo tiene la muerte ante sus ojos, el joven a su espalda.
El pobre y el cardenal, todos mueren por igual.
Las zorras y las gallinas, malas vecinas.
En casa de tu enemigo, la mujer ten por amigo.
Dar un cuarto al pregonero.
Poco y entre zarzas.
Saber dónde aprieta el zapato.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
Yo me quejaba que no tenía zapatos, hasta que me encontré a alguien que no tenía pies.