No expongas a tu amigo a las iras de tu enemigo
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
Deprisa viene el mal, pero cojeando se va.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
Mucho hijo puta con cara de conejo.
Un real de deuda, otro acarrea.
A tal puta, tal rufián.
La virtud en sí es un premio
El que a dos amos atiende, a uno le queda mal.
La mujer en casa y con la pata quebrada.
El juez injusto, colgado de un saúco.
Los sinsabores ajenos, de lejos se sienten menos.
Pedir más es avaricia.
Vecinas porque les digo las mentiras.
Juzga el ladrón, en su saña, a todos por su calaña.
El mirón mirar, pero sin chistar.
El fraile, la horca en el aire.
Gana tiene de otra cosa la doncella que retoza.
Favor con favor se paga
No hay fiera más fiera que el que ingrato sea.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
Echando a perder se aprende.
Quien pretende lo que no merece, vive en trabajo y en él fenece.
La ocasión abre la puerta del pecado, evítala y evitarás el peligro.
Ambicioso subido, pronto caído.
Ley puesta, trampa hecha.
Pedro se casó en mi pueblo, cojo, manco y jorobado; cómo seria la novia si fue engañado.
O bien o mal, va a lo suyo cada cual.
Quien lo comió aquél lo escote.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.
Quien ruega al villano, ruega en vano.
Alfayate sin dedal, cose poco, y eso mal.
Jugando a las verdades, descúbrense las puridades.
A barbas honradas, honras colmadas.
En los labios del prudente hay sabiduría; en la espalda del falto de juicio, solo garrotazos.
Las deudas de juego son deudas de honor.
Quien solo piensa en lo que en su vientre entra, no vale más que lo que de su vientre sale.
El que jura miente.
Tal queda la casa de la dueña, ido el escudero, como el fuego sin trashoguero.
El arenque cuelga de sus propias agallas
Ninguna situación es tan grave que no sea susceptible de empeorar.
Es buenísismo el amigo y bueno el pariente, pero se pierden cuando ya no queda nada
Quien en tierra ajena muere, doblada pena tiene.
Tener el juego trancado.
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Sabe tanto, que sabe a mierda.
Lo que un hombre puede esconder, otro lo puede descubrir.
Quien convida al cantinero, o está borracho o no tiene dinero.
O bien no emprender nada, o bien asombrar a todo el mundo con cuanto emprende.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.