La ciencia no es para el borrego, ni las velas son para ciego.
Antes doblar que quebrar.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Oír, ver y callar, para con nadie tropezar.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.
La mujer debe gobernar la casa, y el marido la caja.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
Este navega con banderita de pendejo.
Racimo corto, vendimia larga.
El que más mira menos ve.
Feo, pero con suerte.
Roer siempre el mismo hueso
Más verga que el Trica programando.
La oveja lozana a la cabra la pide lana.
Septiembre en fin de mes, el calor vuelve otra vez.
La casa sin mujer, es como la mesa sin pan.
Cuando llueve y hace frío , hace la vieja su vestido.
Día de Santa Lucía, lo que mengua la noche crece el día.
A cada pajarillo agrada su nidillo.
Caridad con trompeta, no me peta.
Berza vuelta a calentar y mujer vuelta a casar, al diablo se le pueden dar.
Lisonja hostiga, nobleza obliga.
El diez de Abril, al cuco verás venir.
Día vendrá que tenga peras mi peral.
De trigo o de avena, mi casa llena.
Año nuevo vida nueva.
De buen chaparrón, buen remojón.
Ladrón de casa, todo lo arrasa.
Culillo de mal asiento, no se está quieto un momento.
Tres son las velas que disipan la oscuridad: la verdad, el conocimiento y las leyes de la naturaleza.
Gato, rey y mujer, no saben agradecer.
Espera que se acabe el circo para verle la cara a los payasos.
Dádiva de ruin, a su dueño parece.
La mujer, el huerto y el molino, requieren uso continuo.
El buen cirujano. opera temprano.
Júntanse las comadres y arde en chismes la calle.
Quien con lobos anda a aullar se enseña.
De mercader a ladrón, un escalón.
El zapatero, juzgue de su oficio y deje el ajeno.
Las palabra muestran el ingenio de un hombre, pero sus actos muestran su intención.
Canción de la transición.
Ir en borrico, a todos nos gusta un poquito.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
Voz que se escapa no vuelve y quizás tu ruina envuelve.
Donde hay obras, hay sobras.
Dar una de cal y otra de arena.
En otoño la mano al moño.
El viejo quiere más vivir, para más ver y oír.
Bolsa que mucho clama, pronto se acaba.
La esperanza es un buen desayuno; pero una mala cena.