Dichosos los ojos que te ven.
Refranes viejos son verdaderos.
La salud no tiene precio y el que la arriesga es un necio.
A la col, tocino; y al tocino, vino.
Por las cuentas del rosario, puede subir al pecho el diablo.
Si con el chocolate no te quieres quemar, déjaselo a otro paladear.
La tripa se ancha o se angosta, según como lo críen a uno.
Mal se cuece olla que no se remece.
Lo que la naturaleza no te da Salamanca no te lo presta.
La madre y el delantal, tapan mucho mal.
Tras el buen comer, ajo.
No hay palabra mal dicha si no fuese mal entendida.
De dos males, elige el menor.
El pescado y el huésped, a los tres días hieden.
Los pies del hortelano no echan a perder la huerta.
Casadita y con hijos te quisiera ver, que doncella y hermosa cualquiera lo es.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Más largo que un día sin pan.
Los tejados viejos necesitan muchas reparaciones
Quien se acuesta con niños, mojado se levanta.
Antes de ser un dragón, hay que sufrir como una hormiga
A la mesa y a la cama, a su hora honrada.
No creo en gardenias negras, ni en virginidad de suegras.
Un tigre no pierde el sueño por la opinión de las ovejas.
Durante los meses de mal tiempo el agua corre hacia atrás
Consejos vendo y para mí no tengo.
A nave rota, todo tiempo es contrario.
Para preservar un amigo tres cosas son necesarias: honrarlo cuando esté presente, valorarlo cuando esté ausente, y asistirlo cuando lo necesite.
El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.
No todos los que tienen un gran cuchillo son verdugos
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
No es lo mismo estar jodido que estar jodiendo. (Respuesta ante el Senado español de Camilo Jose Cela cuando el presidente del Senado le reprochaba que estaba dormido).
El habar de Cabra se secó lloviendo.
A Salamanca, putas, que llega San Lucas
Cinco dedos en una mano, a las veces hacen provecho y a las veces hacen daño.
El buen libro de las penas es alivio.
Cuando la mala ventura duerme, nadie la despierta.
El que nació para melón, nunca llegará a sandía.
No renunciar a sus esperanzas hasta llegar al río Huanghe.
La iglesia abierta y el sacristán en la puerta.
A Dios de rodillas, al rey de pie, y al demonio en el canapé.
Se sincero y honesto siempre.
El cielo no cierra completamente el camino a los hombres.
Nada es verdad ni mentira, todo es del color del cristal con que se mira.
Comprar al pobre, vender al rico.
El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Cada día, su pesar y su alegría.
La mujer baja la voz cuando quiere algo, pero la sube al máximo cuando no lo consigue.
Por el humo se sabe donde está el fuego.
Calla, haz, y con la tuya te saldras.