Bien o mal, te casarás, sea con Pedro o sea con Juan.
Donde no hay viejo, no hay buen consejo.
No hagas leña del árbol caído.
Es puerco de la misma manada.
El que manda, no va.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
La muerte no suele avisar, cuando menos lo piensas, ahí está.
El siervo no sabe lo que hace su amo porque éste solo le explica la acción y no el fin
Si quieres matar a un fraile, quítale la siesta y dale de comer tarde.
El que da sin que le pidan, pretende sin que le ofrezcan.
Quien da no debe acordarse; quien recibe no debe olvidar nunca
Aclaración no pedida, acusación manifiesta.
En el marido, prudencia; en la mujer, paciencia.
El mandar no tiene par.
Madre y teja, no pierde por vieja.
La juventud no esta perdida, solo desorientada.
Al mal segador la paja estorba.
Bueno es el amigo, querido el pariente, pero pobre tu bolsillo si dentro no hay nada.
La virtud desaparece apenas se desea que aparezca
Hace mal quien lo secundario hace principal.
En queriéndome Dios aunque no me quieran los santos.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
Yantar sin vino, convite canino.
Por que otro se tire por el balcón, no voy a tirarme yo.
La fuerza vence, la razón convence.
El perro que mucho lame, chupa sangre.
Albacete, caga y vete.
No hay tonto para su provecho.
Buena bolsa, envidiosos y ladrones la hacen peligrosa.
Sirve a un gran hombre y sabrás lo que es la aflicción.
El que no tiene quehacer desbarata su casa y la vuelve a hacer.
Si lo de fuera se ve, lo de dentro se adivina.
El encanto de la mujer puede más que el coraje del hombre
Buena mano, de rocín hace caballo; y la ruin, de caballo hace rocín.
Gallo que canta al sol puesto, señal de muerto.
Machete caído indio muerto.
Siete le daban al tocho, y el quería ocho.
Sirva de algo mientras se muere.
Hay gente tan lista que se pierde de vista.
Pedo con sueño no tiene dueño.
Tierra por medio, para poner remedio.
Siempre habla quien menos puede.
La cerda vistiendo seda, igual de marrana queda.
No hay bestia que no brame en su guarida.
El hijo prodigo, siempre vuelve a casa.
El matrimonio es como el framboyán, primero vienen las flores y después vienen las vainas.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
La esperanza es un buen desayuno; pero una mala cena.
Abriles y jornaleros, pocos de buenos.
Un hombre es juzgado cuanto a su trabajo.