O de trabajo o de trabajos muere el abogado.
Averiguelo, Vargas.
Muerte no venga que achaques no tenga.
El que tenga tienda, que la atienda.
Ponga agua en su vino.
El que espera desespera.
La pasión embellece lo feo
Deja que el buey mee que descansa.
Risa liviana, cabeza vana.
El buen vino en vaso chico.
Al que le sobre el tiempo que se ponga a trabajar.
Pueblo ingrato ayer me aclamaste hoy me pifias!
Mandadme pelear y no me mandéis aconsejar.
Pajes; mozos y era Perico solo.
En la duda, ten la lengua muda.
A la mala costumbre, quebrarle la pierna.
En mi huerto te crié, de tu fruto nunca comí, los milagros que tú hagas, que me los cuenten a mí.
Pa' todo hay fetiche.
Amores y dolores quitan el sueño.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
Buena, por ventura; mala, por natura.
Por San Lucas, bien saben las uvas.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
Una buena palabra alegra, una mala hiere.
La venganza no es buena mata el alma y la envenena.
Indio que va a la ciudad, vuelve criollo a la heredad.
Se te cayó e cassette
No querer queso, sino salir de la ratonera.
Pompa vana: hoy hojas marchitas lo que ayer rosa galana.
Ladroncillo de agujeta, después sube a barjuleta.
Casa de esquina, ni la compres ni la vivas.
Con el diablo se aconseja quien mete aguja para sacar reja.
Por Abril duérmese el mozo ruin, y por Mayo el mozo y el amo.
Comida que mucho hierve, sabor pierde.
De lo que come el grillo, poquillo.
Donde mores no enamores.
El más gallardo señor, también peé de mal olor.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
Invierno que mucho hiela, cosecha de fruto espera.
Al pan pan y al vino vino.
La prolijidad suele engendrar el fastidio.
Quien guiña el ojo con malicia provoca pesar; el necio y rezongón va camino al desastre.
El ladrón juzga por su condición.
Menos idea que Geral pasando música.
Olla quebrada, olla comprada.
El corazón engaña a los viejos.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
Cumple con tu deber, aunque tengas que perder, si dichoso quieres ser.
El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.