A sordos y ciegos hace testigos el dinero.
Buen amigo es el gato, cuando no araña.
Quien siempre habla y nunca calla dice muchas insensateces. La lengua ligera ocasiona problemas y a menudo menosprecia al hombre.
Contigo duerme y contigo come quien te los pone.
Amor de mujer y halago de can, no duran si no les dan.
No se toman truchas a bragas enjutas.
Aunque esté justificada, la felicidad siempre es un privilegio
El que bien ama, tarde olvida.
Navidad en martes, fiestas por todas las partes.
Cada grumo tiene su humo.
Amor y amigo de verba, amigo y amor de mierda.
El que a pueblo extraño va a enamorar, va a que lo engañen o a engañar.
Un hombre enamorado ha nacido por segunda vez
Quien de lejanas tierras vuelve, mucho cuenta y mucho miente.
Dar a la bota un beso, no es grave exceso; darlo a una mujer lo suele ser.
Si la cobija es corta, aprende a doblarte.
Mano lavada, salud bien guardada.
Tanto va el cantaro al agua, que al fin se rompe.
Cada cual tiene su modo de matar pulgas.
Cerca está de saber vencer quien bien sabe pelear.
El amor y los celos, hermanos gemelos.
Cuerpo descansado, dinero vale.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
Indio, pájaro y conejo, en tu casa ni aún de viejo.
No hay ladrón sin encubridor.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
En cada casa cuecen habas, y en la mía calderadas.
El que al amigo desea gran prosperidad, desea se deshaga la amistad.
El que algo debe, no reposa como quiere.
A quien dan, no escoge.
Igual con igual va bien cada cual.
A cada día bástale su maestría, y a cada momento, su pensamiento.
Sin precio no se han las mujeres.
El labrador que quiera empobrecer, a sus criados deja de ver.
Gallo fino no extraña gallinero.
Manos duchas comen truchas.
Nieve en octubre, siete lunas cubre.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Cielo aborregado, suelo mojado.
Como se vive, se muere.
Ni poca ni mucha pena, nos causa desgracia ajena.
Siempre que lo desea, la mujer llora y el perro mea.
Quien su origen no conoce, su destino desconoce.
Allí perdió la dueña su honor, donde habló mal y oyó peor.
Saber de pobre no vale un duro
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
El corazón de un niño: espera lo que desea.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
Con jolgorio y veraneando, se va el tiempo volando.