No hay mujer sin pero, ni sin tacha caballero.
Ajo, ¿por qué no medraste?. Porque para San Martín no me sembraste.
Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.
Lejos de los ojos, lejos del corazón.
Refranes de los abuelos, breve evangelio.
Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.
El aspecto orgulloso aleja los corazones, pero la cortesía los gana.
La fortuna es veleta, nunca se está quieta.
El que no tiene hijos tiene una pena; el que tiene hijos tiene muchas penas.
De ensalada, dos bocados y dejada.
De los hijos, el que muere, el más querido.
A gran arroyo, pasar postrero.
Para San Matías se igualan las noches con los días.
A boda y bautizo, no vayas sin ser llamado.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Gente de montaña, gente de maña.
Donde hubo humareda, el rescoldo queda.
La mujer y la gaviota, cuanto más viejas más locas.
Al pobre le faltan muchas cosas; al avaro, todas.
La zamarra y la vileza, al que se la aveza.
La buena solera hace el vino de primera.
Todo mi gozo en un pozo.
Cuando era moza, meaba por un punto, ahora que soy vieja, méolo todo junto.
Con fabes y sidrina, nunca falta gasolina.
Ni amor sin comer, ni vestido de gala sin otro tener.
Para Santa Catalina, el gallo con la gallina.
Gachas de almorta, el estómago confortan.
Dame gordura, darte he hermosura.
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
Cuando hago la escobada, nadie entra en mi morada.
Más merezco; pero contigo me conformo.
La compañía en la miseria hace a ésta más
Amistad veloz, arrepentimiento asegurado
Quien guarda valores, padece temores.
Nadie da lo que no tiene.
A la noche putas y a la mañana comadres.
Hombre entrado en días, las pasiones frías.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
La esperanza es la última en morir.
Juez cabañero, derecho como sendero.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Llagas viejas, tarde sanan.
Mujer ventana, nunca Llega a casadera.
Honra merece el que a los suyos se parece.
Los pies van donde va el corazón
A buena mujer, poco freno basta.
A más no poder, acuéstome con mi mujer.
Entre tres la tenían y ella meaba, y no meaba a gusto la condenada.
Que tengas calor en tu iglú, petróleo en tu lámpara y paz en tu corazón.
Más quiero amiga llana que parienta falsa.