Puta en ventana, mala mañana.
Tierra por medio, para poner remedio.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Zorra en viña, aligera la vendimia.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
Santo Tomás, una y no más.
Contigo me entierren, que me entiendes.
De amigo reconciliado y de fraile colorado, guárdate con cuidado.
El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
Buen compañero, solo Dios del cielo.
No hay amor feo ni cárcel alegre.
A barriga llena, corazón contento.
Donde hay nobleza, hay largueza.
Gente parada, malos pensamientos.
La verdad es de un solo color
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
Una palabra deja caer una casa.
El tiempo es padre de la verdad y a relucir la sacará.
En la felicidad razón, en la infelicidad paciencia
El diablo abre la puerta, y el vicio la mantiene abierta.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Pájaro de mar por tierra, tempestad segura o gran novedad
Mallorquina, puta fina
A barba muerta, obligación cubierta.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Para los muertos y los ausentes no hay amigos
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
Madre no viste, padre no tuviste: diablo te hiciste.
Cada mochuelo a su olivo y cada puta a su rincón.
La mujer es gente en la letrina.
Domingo sucio, semana puerca.
Desde San Antón, una hora más de sol.
Quitada la causa se quita el pecado.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Pedro se casó en mi pueblo, cojo, manco y jorobado; cómo seria la novia si fue engañado.
La felicidad de una casa tranquila se valora cuando la paz deja de existir
Una pena quita a otra pena.
El yerro encelado, medio perdonado.
San Donato, la picha te ato y si no me lo encuentras no te la desato (para algo que se ha extraviado).
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
La familia pequeña, vive mejor.
Desde Los Santos a San Andrés, buena sementera es.
Como canta el abad responde el monaguillo.
No oigo, soy de palo.
A quien se siente en cada pena, nunca le falta qué le duela.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
De esperanzas vive el hombre, pero muere de desilusiones.