Por lo que uno tira, otro suspira.
No hay árbol como el nogal, ni fruta como el madroño, ni cosa que encaje mejor que lo que sabes en él.
Beso de mudo, no le dé Dios a ninguno.
Buena es el agua, que cuesta poco y no embriaga.
Si dios no perdonase, su paraíso estaría vacío.
Todas las cosas tienen un fin, excepto las salchichas, que tienen dos.
Está como agua, para chocolate.
Quien tiene boca, no diga a otro sopla.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
Quien mucho da mucho recibe.
Dios no le da problema a nadie que no pueda resolverlo.
Al mal año, tarria de seda.
Si el cuerpo es derecho no importa que la sombra sea torcida.
Quien cerca halla, cerca calla.
Zozobra la verdad; más nunca ahogada la verás.
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Por San Miguel, quita el riego a tu vergel.
A cada cual lo suyo y a Dios lo de todos.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
Cielo estrellado, tiempo variado.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Vaso quebrado, dura mucho porque no se usa.
Deudas tengamos, pero amigos seamos.
Donde hubo humareda, el rescoldo queda.
La leche le dijo al vino: vente, amigo.
Virtud da la vida y el vicio la quita.
Jugador hasta perder los kiries de la letanía.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
Septiembre en fin de mes, el calor vuelve otra vez.
Una gran ciudad es un gran desierto.
No te salgas por la tangente.
Todo el mundo es generoso dando lo que no es de ellos.
Loca es la oveja que al lobo se confiesa.
El que persevera triunfa.
La ocasión es la madre de la tentación.
Aire cierzo, cuando llueve, ¡llueve de cierto!.
Más vale un "ya" que cien "después se hará".
Buscarle la quinta pata al gato.
La flor caída no vuelve a la planta
Sufro y callo, por el tiempo en que me hallo.
Retírate, agua, y veré quien labra.
Bendita sea la mata de Mayo, que se secó lloviendo.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Una palabra deja caer una casa.
En cielo despejado puede desatarse de repente una tempestad.
Quiebra la soga siempre por lo más delgado.
Te paso la pala diego
Aunque el tonto coja la vela, ésta se apaga y el tonto queda.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
Ni adobo sin ajo, ni campana sin badajo, ni viudita sin su majo.