Un alma sola, ni canta ni llora.
Las cosas lo que parecen.
Lavarse las manos, como Pilatos.
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
Vida sin amigos, muerte sin testigos.
Golondrina que con el ala roza la tierra, agua recela.
Al asno no pidas lana.
Llorara la madre al hijo, más que la nieve al granizo.
Ni con cada mal al físico, ni con cada pleito al letrado, ni con cada sed al jarro.
Todo lo que el médico yerra lo tapa la tierra.
Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estas en apuros.
Donde hay saca y nunca pon, presto se acaba el bolsón.
Lo que remedio no tiene, olvidarlo es lo que se debe.
El buen vino sin ramo se vende.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
Al gorrino y al melón, calor.
Debajo de la base de la lámpara está oscuro.
Por fuerte que seas, siempre existe otro más poderoso que tú
Dios acude siempre.
Con poco viento cae en el suelo torre sin cimiento.
No es oro todo lo que reluce, ni harina lo que blanquea.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
Cada cosa nace para su semejante.
La reputación dura más que la vida.
Como vinagre a los dientes y humo a los ojos es el perezoso para quienes lo emplean.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
Ocasión y naipes, a todos hacen iguales.
Yeso y cal, cubre mucho mal.
Palabra de cortesano, humo vano.
A Dios, lo mejor.
Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza.
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Yo por ti, tú por otro, y no por mí.
pajero como tenedor de oveja.
Lo bien hecho bien parece.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
El hombre sabio aprende a costa de los tontos.
Casa oscura, candela cuesta.
El agua no horada a la piedra por su fuerza sino por su constancia.
Incluso la piedra se rompe si el fuego es lo bastante fuerte.
Solo una puerta no abre el martillo de oro: la puerta del cielo.
Hay tres cosas que nunca vuelven atras: la palabra pronunciada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.
Sé constante y ten ánimo en tus trabajos.
El bueno, lo malo calla; el malo, todo lo habla.
Hombre sabio, de sayas no hace caso.
No ojos que lloran, sino manos que laboran hacen falta para remediar males.
La sagre es más espesa que el agua.
Casarse bajo el palo de la escoba
Buena cautela, iguala buen consejo.