Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
Puede usar quien tenga en gana, su culo de palangana.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
A todo hay remedio sino a la muerte.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
Dad al diablo la puerta que con cualquier llave está abierta.
Dinero ten, y a todo parecerá bien.
Quien sube como palma baja como coco.
Del cura, lo que diga; del médico, lo que haga; y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.
Perder por probar al socio, nunca ha sido mal negocio.
Holgad tenazas; que muerto es el herrero.
De boca para fuera.
Muchas candelitas hacen un Cirio.
Olla cada día, aún siendo buena hastía.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
Es de sabios preguntar y de tontos el callar.
A consejo malo, campana de palo.
Amigo de todos y de ninguno, todo es uno.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
El papel que se rompa él.
Del viejo, el consejo; de la vieja, la conseja.
El vino, de la verdad es amigo.
Ni tanto que queme al santo ni tan poco que no le alumbre.
A borracho fino, primero agua y luego vino.
El buen vino, en cristal fino; el peleón, en jarro o en porrón.
Cada cual a lo suyo.
El buen tiempo hay que meterlo en casa.
Mal haya la espina que de suyo no aguija.
Hierba mala nunca muere.
Contestación sin pregunta, algo barrunta.
El humo al suelo, agua en el cielo.
Nunca digas nunca: de este agua no beberé.
Ocasión que se va, quien sabe si volverá.
Culillo de mal asiento, no se está quieto un momento.
Líbreme Dios de moza adivina y de mujer latina.
Quien da el consejo, da el tostón.
No hay caldo que no se enfríe.
Aceitunas, una o dos, y si tomas muchas, válgame Dios.
El que temprano se moja tiempo tiene de secarce.
Dichosos los ojos que te ven.
A quien vela, todo se le revela.
Para poca ventura, remedio es la sepultura.
Agua trae en el cuerpo luna con cerco.
El sordo no oye, pero bien que compone.
La ocasión cuando es propicia, tonto es quien la desperdicia.
Con bolsillo ajeno, todo el mundo es limosnero.
Mens sana in corpore insepulto.
La ausencia es al amor lo que al fuego el aire: que apaga al pequeño y aviva al grande.
Algo sabe el que no sabe, si callar sabe.