El pobre es rumboso; el rico roñoso.
Aguardiente arrancarejas, no la bebas.
Hablar bajo y obrar alto.
Mejor una palabra que serene a quien la escucha que mil versos absurdos.
Palos por que bogas, palos por que no bogas.
Lo bello es difícil.
La ventura de la barca, la mocedad trabajada y a la vejez quemada.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.
La verguenza es último que se piedre.
Labor de Mencia, murmurar de noche y holgar de día.
Al que se casa una vez, dan corona de paciencia; y al que dos, capirote de demencia.
Comer a dos carrillos, como monja boba.
El derecho de los pobres no es más que llanto
Sin Ceres y Baco es amor débil y flaco
Como mi llamamiento es alto, las obligaciones que me incumben también son fuertes, y me temo que en mi gobierno pueda haber deficiencias
Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.
La impureza, pesa.
Risa liviana, cabeza vana.
A chico santo, gran vigilia.
Olla reposada, no la come toda barba.
Cielo aborregado, suelo mojado.
No hay borracho que coma lumbre.
Otoñada de San Mateo, puerca vendimia y gordos borregos.
Alta cama y poca ropa, es señal de gente loca.
El que presume de honrado, presume de desgraciado.
La confianza da asco
La venganza es repudiable, pero tiene algo agradable.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.
El vino es la ganzúa de la verdad.
Buitres y milanos, primos hermanos.
De bobos y bobas se hinchan las bodas.
Mala yerba, mucho crece.