Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
El no hacer falta y el estorbar, juntos suelen andar.
La respuesta mansa, la ira quebranta.
Enseña la cautela que debe observarse para confiar un secreto, pues muchos, so capa de amistad, abusan del sigilo.
El que no tiene hechas no tiene sospechas.
Aclaración no pedida, acusación manifiesta.
Ni mesa sin vino, ni sermón sin agustino.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
Paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
Aceptar un don, requiere discreción.
Alabanza propia, mentira clara.
La mujer que no hace nada, es bien mirada.
No preguntes que el tiempo te lo dirá, que no hay cosa más bonita que el saber sin preguntar.
Ocio, ni para descansar.
Amor y vino, sin desatino.
Dios castiga sin dar voces.
Quien su palabra no mantiene, a las consecuencias se atiene.
Niebla en la sierra, agua en la tierra.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Ningún muerto ha regresado, ni a dar un simple recado.
La impureza, pesa.
A Cristo prendieron en el huerto porque allí se estuvo quieto.
Si escuchas a ambas partes, se hará en ti la luz; si escuchas a una sola, permanecerás en las tinieblas.
Quien se conforma tan solo con ver, ni siquiera piensa en tocar.
El que nada sabe, de nada duda.
Hablando, hablando, la ocasión se va pasando.
El hombre discreto hace nacer más oportunidades que las que encuentra.
No le busques ruido al chicharrón.
Nada hay nuevo bajo el sol.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Difama, que algo queda.
A presurosa demanda, espaciosa respuesta.
Quien siempre habla y nunca calla dice muchas insensateces. La lengua ligera ocasiona problemas y a menudo menosprecia al hombre.
Hablar, no cuando puedas, sino cuando debas.
Del harto al ayuno, no hay duelo ninguno.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.
Mucho ruido y pozas nueces.
El que madruga, es sereno.
Mucho miedo, mucho miedo y poca vergüenza.
No hay nada que a Dios se resista, ni que se esconda a su vista.
De la noche en la espesura, hasta la nieve es oscura.
Al sonar el pedo, solo queda un rostro serio.
Quien no tiene culpas, no pide disculpas.
No dar ni recibir, sin escribir.
Boca cerrada y ojo abierto, no hizo jamás un desconcierto.
Hablar poquito, y mear clarito.
Aunque callo, irse han los huéspedes y comeremos el gallo.