Se oye mal pero descansa el animal.
La voz del culo no admite remedio ni disimulo.
Lo que deprisa se hace, despacio se llora.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
Aullar contra el ciervo, perder voces y tiempo.
Palabra suave llegar al alma sabe.
Boca sin dientes, casa sin gente.
Quien habla con argumentos, no grita ni hace aspavientos.
Entendimiento agudo pero sin grandeza lo pincha todo y nada mueve.
Confesión espontánea, indulgencia plena.
Los tontos hablan mucho y no dicen nada.
Mucho decir veremos, pero nunca vemos.
La suavidad domina más que la ira.
Aunque digas y no hagas, haz y no digas.
A callarse ranas, que va a predicar el sapo.
Quédate quieto y el mundo te tomara por filósofo.
Pocas palabras son mejor.
Solo los recipientes vacíos resuenan y se oyen a gran distancia
Ver y no tocar, se llama respetar.
La gente asustada, no ve ni oye nada.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Intimidad, con ninguno; trato, con todo el mundo.
Confesión obligada, no vale nada.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
Ni a un sordomudo completo, debes confiar tu secreto.
Alegrías secretas, candela muerta.
Palabras claras, no necesitan explicaciones.
No hay dicha, sino diligencia.
El vino y la verdad, sin aguar.
Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz.
Charlar y no hacer, cacarear la gallina y no poner.
En calma el mar no creas, por sereno que lo veas.
Hacia ti acusas cuando murmuras.
La caca, callarla, limpiarla o taparla.
Paciencia piojo que la noche es larga.
El más ruin se engalla, y el más honrado calla.
De ninguno has de decir lo que de ti no quieras decir.
Quien habla, siembra; quien oye y calla, recoge y siembra.
Lentitud en prometer, seguridad en cumplir.
La razón y la paciencia, al fin vencen la insolencia.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Es medio sorda, le decís sentate y se acuesta.
La mucha luz deslumbra y no alumbra.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
La admiración alaba, el amor es mudo
No hay almohada más blanda que una conciencia tranquila.
Si la mozuela fuere loca, mueve las manos y calla la boca.
Quien hiera la campana se expone a oír el sonido.
La mujer y la escopeta, en casa déjalas quietas.
Ni boda sin canto, ni mortuorio sin llanto.