Ningún mortal peca, cuando defeca.
El hijo borde y la mula cada día se mudan.
Enviar desde la lejanía a mil li plumas de ganso, por liviano que sea el regalo, encierra afecto profundo.
Para seguir el sendero, mira al maestro, sigue al maestro, camina con el maestro, ve con el maestro, llegarás a ser maestro.
Las tormentas de San Juan quitan vino y no dan pan.
Al papel y a la mujer, lo que le quieran poner.
En el ajedrez, el Rey y el Peón van siempre al mismo cajón.
Cada deuda, por pequeña que sea, es el anillo de un grillete.
Malo es el zamarro de espulgar, y el viejo de castigar.
Quien compra ha de tener cien ojos; a quien vende le basta uno solo.
De buena vid planta la viña, y de buena madre, la hija.
Si quieres que te sepa, dale que te duela.
Quien dinero tiene, come barato y sabio parece.
Quien por su seso se guía, hará cualquier tontería.
El que quiera ser bohemio, que no se eche el lazo al cuello.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Quien desea aprender, pronto llegara a saber.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
Chapucea el chapucero, mala obra por buen dinero.
El hijo que está en casa no es estimado por los padres.
Tu deber es descubrir tu mundo y después entrégate con todo tu corazón.
Nos vengamos de una vileza cometiendo otra
A los bienes y a los males, la muerte los hace iguales.
Por tu corazón juzgarás al ajeno, en malo y en bueno.