Cuando canta la rana, buena semana.
El tiempo y las palabras no pueden volver a recogerse.
Tempero de San Miguel, guárdete Dios de él.
Lo que ha de ser, va siendo.
Aire gallego, escoba del cielo.
Nunca tengas miedo del día que no has visto.
Mala olla y buen testamento.
Guerra, peste y carestía andan siempre en compañía.
El que debe y paga, descansa.
La pisada del amo, el mejor abono.
De casas y de potros que lo hagan otros.
Yo duro y vos duro, ¿quién llevará lo maduro?.
Cuando hay frutas en la huerta, hay amigos en la puerta.
Leer entre renglones.
Dar palos de ciego.
La madera de enero no la pongas al humero; déjala estar cortada, que ella se curte y amansa.
Pan de mi alforja, como el no me falte, todo me sobra.
Agrada y te agradarán.
Para el que quiere, siempre hay trabajo.
A espaldas vueltas, memorias muertas.
No jales que descobijas.
Raras veces hay seso en la prosperidad.
El más feliz parto, tiene algo de "jarto".
La cabeza blanca y el seso por venir.
La mejor bendición mejor para que haya una buena cosecha es una calabaza lleno de sudor.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
De valientes y tragones, están llenos los panteones.
Callen barbas y hablen cartas.
La mujer y la manzana han de ser asturianas.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
Hoy que puedo lo haré; que mañana, no sé si podré.
Un ruin ido, otro venido.
Excelente está la Hercilia, para sacarle familia.
Bien vestido, bien recibido.
Durante la estación seca hay que hacerse amigo del dueño de la piragua.
Dios acude siempre.
Al fraile y al puerco, mostradle una vez la casa que el se vendrá luego.
Majada forera, sestil de verano, quien aquí te puso, mal sabe de ganado.
Lo que no va en lágrimas va en suspiros.
Una visita larga, ¿a quien no carga?.
De dientes pa'fuera.
A casa nueva, puerta vieja.
De cintura para arriba todos santos, y de cintura para abajo todos diablos.
Por poco se empieza y a mucho se llega.
El mejor maestro, el tiempo; la mejor ciencia, la experiencia.
Mira la peseta y tira el duro.
Armas y dineros buenas manos quieren.
Lo bueno dura poco.
Mándame las flores cuando aún pueda olerlas.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.