El mal del cornudo, él no lo sabe y sábelo todo el mundo.
No es mal sastre el que conoce el paño.
La riqueza del rico es su baluarte; la pobreza del pobre es su ruina.
Nunca peca por estulto, quien sabe escurrir el bulto.
El corazón no habla, pero adivina.
El que se mete a loro debe saber dar la pata.
La crítica debería de ser como la piedra de afilar, que aguza sin cortar.
Entre más viejo más pendejo.
Dime con quién andas y te diré quién eres.
No siempre el mejor camino es el más corto.
Todos obedecen con gusto cuando el que manda es justo.
Hombre osado, bien afortunado.
Cuerpo sano, mente sana.
El ladrón juzga por su condición.
Peor que el ciego el idiota que mira pero no nota.
No existe cosa escondida que con el tiempo no sea bien sabida.
Ora como si todo dependiera de Dios; pero trabaja como si todo dependiera del hombre.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
Antes de conocer bien a un amigo conviene haber comido mucha sal con él
Hazte responsable de tus actos.
Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.
Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus mocasines.
Vale más tener amigos en la plaza que en la caja.
Tal padre, tal hijo.
Más vale ser pobre que estar enterrado.
El buen vino sugiere buenos pensamientos y el malo perversos.
El que guarda, halla.
El que tiene bien y su mal escoge, de lo que le venga no se enoje.
El que mucho habla, poco acierta.
Avanza, avanza; que la juventud no se cansa!
La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces.
El hombre afortunado tiene pan y amigos
Bien está lo que bien acaba.
El hombre teme el paso del tiempo y el tiempo teme el paso de las pirámides.
Soltero maduro, maricón seguro.
Los refranes no engañan a nadie.
Una gota de tinta puede más que cien memorias privilegiadas.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
A los tontos no les dura el dinero.
El vivo a señas y el tonto a palos.
Solo los verdaderos amigos nos dicen que tenemos la cara sucia.
Quien guarda bien su dinero, no peca por cicatero.
La virtud en sí es un premio
Muchos pocos hacen un mucho.
El árbol más fuerte y frondoso vive de lo que tiene debajo.
Quien no oye consejos no llega lejos.
La mano que da está por encima de la mano que recibe
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Los actos son los frutos; las palabras las hojas.
El que no puede sobrellevar lo malo no vive para ver lo bueno.