El que quiera engañar a un campesino, tendrá que llevar a otro campesino en su compañía.
Las oportunidades no se pierden, siempre hay alguien que aprovecha lo que uno deja pasar.
Es quien predica y predica, quien menos cree lo que explica.
Guardas bien y no sabes para quien.
Maldición de puta vieja, por do sale por allí entra.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Más fácil es de la obra juzgar que en ella trabajar.
Decir suele ser señal de no hacer, como ladrar lo es de no morder.
Antes muerte que vergüenza.
Un espejo no sabe ser embustero.
Más es la bulla que la cabuya (cuerda).
Amistad de boquilla, no vale una cerilla.
Cuando camines, camina. Cuando comas, simplemente come.
Entre dos muelas cordales nunca metas tus pulgares.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
Plata de cura, ni luce ni dura.
Hay que saber nadar y guardar la ropa.
Del dicho al hecho hay largo trecho.
Si eres clemente, serás feliz siempre.
Al albañil no le pongas la mesa hasta que le veas venir.
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
A la mesa y a la cama, a su hora honrada.
Hombre de cojón prieto, no teme aprieto.
La cola de la vaca mira a derecha e izquierda.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
Quien porfía, alcanza hoy u otro día.
Está permitido, en tiempo de peligro, andar con el diablo hasta haber atravesaado el puente.
El zorro pierde el pelo, pero no las mañas.
El muerto al hoyo y el vivo al bollo.
Quien poco tiene, pronto lo gasta.
Quien nada guardó, nada encontró.
A las armas las carga el diablo y las descargan los imbéciles.
El que es buen juez por su casa empieza.
Solo se pueden juntar las manos cuando están vacías.
Nunca con menores, entables amores.
Al amigo reconciliado, con un ojo abierto y el otro cerrado.
Ni lugar sin taberna, ni puta sin alcahueta.
Si quieres buena fama, no te halle el sol en la cama.
Lleva la burra la carga, más no la sobrecarga.
Una cosa es predicar y otra dar trigo.
Que dulce queda la mano al que da.
No hay majadero que no muera en su oficio.
No hay tonto para su provecho.
Quien mal cae, mal yace.
Hermano ayuda y cuñado acuña.
Quien más sabe, mayores dudas tiene.
Un solo dedo no puede atrapar un piojo.
A barriga llena, corazón contento.
Yerra, y no poco, el que discute con un loco.
Al final, todo saldrá bien, y si no, es que no es el final.