Alábate cesto, que venderte quiero.
El muerto se asusta del degollado.
Chico catorceño, come como grande y trabaja como pequeño.
Bebe y ata la bota.
Dios ayuda, a los que se ayudan.
Más confío en el trabajo que en la suerte.
Variante: Ver para creer, y no toda vez.
Afición que más daña que aprovecha, enseguida se desecha.
A otro perro con ese hueso.
Dos cojos nunca se miran con buenos ojos; y dos bizcos, con más motivo.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
El ojo de un amigo es un buen espejo.
Al pesar por el bien ajeno, llaman envidia y es veneno.
La mujer es gente en la letrina.
Date a deseo y olerás a poleo.
Gozarse en el mal ajeno, no es de hombre bueno.
Dar con la puerta en la cara.
No hay que ensillar sin antes traer las bestias.
Al que quiera saber, mentiras a él.
Nunca trates de enseñar a un cerdo a cantar, perderás tu tiempo y fastidiarás al cerdo.
Dame pan y llámame perro.
Ni el caballero buen consejo, ni el letrado buen encuentro.
El amor todo lo iguala.
Mujer refranes, muller puñetera.
Todo se andará si la vara no se rompe.
Holgar sin vergüenza es hilar sin rueca.
Quien limpia su caballo no es lacayo.
Mal vecino es el amor, y do no lo hay es pero.
No importa lo el ancho y lo grueso, sino lo que dura tiezo...
Aún no eres bienaventurado si del pueblo no eres burlado.
El hombre sabio instruye sin utilizar las palabras.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
Cada cual sabe de la pata que cojea.
Rogar a Dios por los santos, más no.
Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.
Todo flujo debe tener su reflujo.
La mujer y la escopeta, en casa déjalas quietas.
El elefante muerto deja sus colmillos; el tigre, su piel; y el hombre, su nombre
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
A quien reparte sus bienes antes de la muerte, agarra una estaca y pégale en la cabeza.
Quien sea dueño de intereses, no se enrede con los jueces.
Nada que sea violento será permanente.
Bailo bien, y echáisme del corro.
El que un bien gozar espera, cuando espera, desespera.
Morir sin perecer, es presencia eterna.
Nadie se apresura para pagar y si todos para cobrar.
El cobarde es león en su casa y liebre en la plaza.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.
Tal para cual, Pedro para Juan.
El que ha de ser servido, ha de ser sufrido.