A boda y bautizo, no vayas sin ser llamado.
Siempre ayuda la verdad.
Amigo de mesa y mantel, no fíes de él.
La vida es grata, a quien bien la acata.
Lo prometido es deuda.
A Dios, nada se le oculta.
El miedo guarda la viña.
Al potro y al niño, con cariño.
Cuerpo descansado, dinero vale.
Deja que el buey mee que descansa.
No hagas trampa en que caigas.
Secreto de dos, guardado; de más de dos, en la calle echado.
Pesar compartido, pronto es ido.
No repartas tus palabras a la gente común ni te asocies a uno demasiado expresivo de corazón.
El amor, de necios hace discretos.
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
No hagas bien por el concejo, ni compres burro viejo.
Quien sabe, sabe.
Ganar, poco vale sin guardar.
Lleva con ánimo igual lo que es bien y lo que es mal.
No hay provecho propio sin daño para otro.
Al confesor y al abogado, no les tengas engañados.
Pan duro, pero seguro.
Mens sana in corpore insepulto.
Dedo encogido, no rebaña el plato.
Al hombre listo y tunante, no hay quien le eche el pie delante.
A Dios, lo mejor.
Dar antes que amagar.
La mujer casada y honrada, la pierna quebrada.
Al maestro, cuchillada presto.
Mejor es resignarse que lamentarse.
Quien tuvo, retuvo.
A la iglesia de Dios ni darle ni quitarle.
Necesitado te veas.
La manda del bueno no es de perder.
Haz bien y no mires a quien.
A lo que manda Dios, oreja de liebre.
Gracias pierde quien promete y se detiene.
Amigo y casa vieja, para otro los deja.
No penetres demasiado hondo en el corazón de un amigo, no fuese caso que encontrases en él el egoísmo.
A quien teme preguntar, le avergüenza aprender.
A Dios rogando y con el mazo dando.
El que fía lo que tiene, a velar se queda.
Que cada cual espante sus pulgas.
Reflexionar tres veces antes de obrar.
A tu mujer no la alabes, lo que vale tú lo sabes.
No dejes camino por vereda.
Las esposas y los maridos por sus obras son queridos.
Amor sin pudor, es todo menos amor.
El silencio es más disiente, que la palabra imprudente.