Cada cual habla según como le fue en la feria.
Lo de esta vida es prestado, que en un instante lo hemos de dejar como otros lo han dejado.
Caballo que alcanza, pasar querría.
Ahorrar no es solo guardar sino saber gastar.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Casadita y con hijos te quisiera ver, que doncella y hermosa cualquiera lo es.
Para aprender, perder.
Muy bien conoce la rama, el mico que la encarama.
Mujer pecosa, mujer candela.
Las cosas se parecen a sus dueños.
Aprovecha el tiempo, que vale cielo.
Soñar no cuesta nada.
Lo comido por lo servido.
Burro empinado, por hombres es contado.
Cada uno cuenta la feria como le ha ido.
Año de brevas, nunca lo veas.
Lo bien hecho bien parece.
Cuervo con cuervo, no se quitan los ojos.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
La amiga y la espada antes dada que prestada.
Hombre cortés, de todos estimado es.
Hombre de dos caras, arredro vaya.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Te doy un dedo y me quieres coger el brazo.
A tal señor, tal honor.
Cuando uno va para viejo, es más fácil pillar una liebre que un conejo.
Palabra dada, palabra sagrada.
Donde lloran esta el muerto.
No encomie un vado hasta que lo hayas pasado.
Las paredes oyen.
Obremos a no ver, dineros a perder.
Al borrico viejo la mayor carga y el peor aparejo.
A fullería, cordobesías.
Panza llena, quita pena.
Cuando pienses meter el diente en seguro, toparás en duro.
Llenar el tarro.
Quien va a la feria, lo cuenta a su manera.
La madurez solo se vive una vez.
Culos conocidos, a cien años son amigos.
Con salchichón, siempre es ocasión.
Hoy es discípulo de ayer y maestro de mañana.
Arco en el cielo, agua en el suelo.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
Al avaro, es tristeza hablarle de largueza.
Buen ejemplo y buenas razones avasallan los corazones.
Ni amigo reconciliado, ni café recalentado.
A lo hecho, pecho.
Cojo con miedo, corre ligero.