Ese huevo, quiere sal.
Cuanto más blanco es el papel más resalta la mancha.
Mañana de niebla, tarde de paseo.
Candil de la calle, obscuridad de su casa.
Decir, me pesó; callar, no.
El que temprano se moja tiempo tiene de secarce.
Poco puede hacer el valor sin la discrección.
Fondo salido, novio perdido ó solicito marido.
A ferias y fiestas, con pollinos y mujeres ajenas.
De familia y trastos viejos, pocos y lejos.
Asno, juez y nuez, a golpes dan sus frutos.
El perro, a quien tiene inquina, alza la pata lo orina.
Del santo me espanto, del pillo, no tanto.
O faja o caja.
El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna.
No oigo, soy de palo.
Rocíos de Agosto, miel y mosto.
Al que le pique, que se rasque.
Cuando el cuquillo canta, tan pronto sol como agua.
Hablen cartas y callen barbas.
Cambio de costumes al viejo cuéstale el pellejo.
El fatuo y el ignorante, se denuncian al instante.
Paso a paso, se va lejos.
Agua sobre agua, ni cura ni lava.
Cada uno limpia la nieve delante de su casa sin preocuparse de la escarcha en el tejado ajeno.
Te pido hojas y me traes ramas.
Algo es algo dijo un calvo. Y se encontró un peine sin púas.
Donde hay saca y nunca pon, presto se acaba el bolsón.
Está como agua, para chocolate.
A lo que no tiene remedio, litro y medio.
O todos en la cama, o todos en el suelo.
Tragando aunque sea saliva.
Pase mayo, y pase pardo.
Amor, viento y ventura, poco dura.
Rubio bermejo, mal pelo y peor pellejo.
Si digo que la yegua es parda, es porque tengo los pelos en las manos.
Al fuego y al fraile no hurgarles. Al fuego porque se apaga, al fraile porque se inflama.
Una mano por el cielo, y otra por el suelo.
Calma piojo que el peine llega.
Haz como la campana, que tañe y calla.
Tierra de roza y coño de moza.
A buen bosque vas por leña.
Abierto el saco, todos meten la mano.
Un asno cargado de oro sube ligero una montaña.
Roja barba y mal color, debajo del cielo no le hay peor.
Agua del pozo y mujer desnuda, echan al hombre a la sepultura.
Dame rojura y te daré hermosura.
Para curar el mordisco, babitas del mismo "pizco".
Obrar mucho, y hablar poco; que lo demás es de loco.
A grandes penas, pañuelos gigantes.