Contra el nacimiento y la muerte no hay remedio.
Pierde el hablar lo que ganó el callar.
No se puede repicar y andar en la procesión.
A la prima, se le arrima.
Quien trabaja con pereza, nunca acaba lo que empieza.
Madre y teja, no pierde por vieja.
Vase la fiesta y resta la bestia.
La paja en el ojo ajeno se mira más despacio.
El que es de tu profesión, es tu perdición.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".
A nadie le amarga un dulce.
Al enemigo honrado, antes muerto que afrentado.
La dignidad no ha perdido, quien tiene un solo marido.
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
El fraile, la horca en el aire.
Este anda más perdido que el hijo de la llorona.
Hablara yo para mañana.
Mancebo me fui, y envejecí; más nunca al justo desamparado vi.
Mas mata la duda que el desengaño.
Abogado novato, Dios te asista, entre parientes, pobres, putas y petardistas.
Para hilar una mentira, siempre hace falta madeja.
Come el gato lo que no se halla a buen recaudo.
El gusto se rompe en géneros.
Ir por los extremos no es de discretos.
Habla no cuando quieras, sino cuando puedas.
Bueno es el amigo, querido el pariente, pero pobre tu bolsillo si dentro no hay nada.
Más vale ruin asno que estar sin él.
Por un moro que maté me pusieron matamoros.
Tiempo dormido, no es tiempo perdido.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Gallina ponedora y mujer silenciosa, valen cualquier cosa.
No se debe escupir al cielo.
La ocasión cuando es propicia, tonto es quien la desperdicia.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
El que da primero da dos veces.
Gobierna para que no hagamos cruzar al perverso, porque no obramos como él. Álzate, dale tu mano, déjale en los brazos del Dios, llena su vientre de tu pan a fin de que se sacie y avergüence.
Cuando el hombre está de malas, su mujer pare de otro y el hijo se le parece.
Una mentira bien echada, vale mucho y no cuesta nada.
Quien no entiende una mirada, no entiende una larga explicación.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Al asno muerto ponle la cebada al rabo.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
Aunque el bien más se dilate como se alcance no es tarde.
Se muere de vergüenza, no de miedo.
Por el amor de una rosa, el jardinero es servidor de mil espinas.
Bueno, si breve, bueno dos veces.
El buen pan se hace con trigo, y con franqueza el amigo.
El que de ilusiones vive, de desengaños perece.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
El amor no se mendiga, se merece.