Hable el sabio y escuche el discreto.
Aunque mal pienses de cada uno, no digas mal de ninguno.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Mi mujer ha malparido, trabajo perdido.
El doctor, a los malos desespera y a los buenos consuela.
No pica la abeja a quien en paz la deja.
A quien debas contentar, no procures enfadar.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
Quien no buscó amigos en la alegría, en la desgracia no los pida.
Obra acabada venta aguarda.
Día vivido, día perdido.
Sin precio no se han las mujeres.
Blas, si por malvas vienes, mal vas.
La misa, dígala el cura.
¿Fiado?. Mal recado.
Ortiga me quemó y mastranzo me sanó.
Ver y no tocar, se llama respetar.
Mal reposa la vida dudosa.
Dios no espera año para castigar.
Contra los males de amor, cucharadas del olvido, con fomentos de otro amor; pero.
Quien miente, pronto se arrepiente.
Quien ruega al villano, ruega en vano.
El que da lo que tiene, a pedir se queda o, a pedir se enseña.
Amor que no se atreve, desprécianlo las mujeres.
Si amas a alguien, déjalo libre.
Vivir sin pena ni gloria, como el burro de Vitoria.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
Cuando alguien te hace un daño, búscalo en tu lista de los más favorecidos.
De ésta me saque Dios, que en otra no me meteré yo.
Dar consejo es virtud de segundo orden.
Jeremías llora sus penas y no las mías.
Nada es virtud ni pecado, mientras no sea divulgado.
Ninguna mortaja, es grata ni maja.
Adorar al santo por la peana.
Dar limosna con tambor, no agradece Nuestro Señor.
Al mal paso, darle prisa.
Premio del trabajo justo, son honra, provecho y gusto.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Echad los prejuicios por la puerta: volverán a entrar por la ventana.
A mucho hablar, mucho errar.
Para morirse, siempre hay tiempo.
La verdad padece, pero no perece.
Amores de una señora, se olvidan con otro amor.
De buenas intenciones, está empedrado el infierno.
A la mejor dama se le escapa un pedo.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Del necio, a veces, buen consejo.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
Un buen consejo a tiempo no tiene precio.
A lo que no puede ser paciencia.