Si ella te mima más de lo que debe, te está engañando o engañarte quiere.
Al que le falta ventura, la vida le sobra.
Nada tiene al que nada le basta.
El que ha de ser servido, ha de ser sufrido.
La casa la hace el hombre y el parentesco la mujer.
La experiencia es a veces dolencia.
Cada uno reniega de su oficio, pero no de su vicio.
La frugalidad es una fortuna por sí misma.
El que la deba, que la pague.
Desdicha es hacer comida para dos y comer tres.
Amor no sufre ausencia.
Cuando el hombre más tiene, más quiere.
El que mucho se despide, pocas ganas tiene de irse.
A mala suerte, envidia fuerte.
Cada tonto tiene su manía.
Abadejo y amor de viejo, todo es abadejo.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
Ayer me negó un bocado, pero hoy me pide prestado.
Encomienda sin renta, a su dueño no sustenta.
Al que te puede tomar lo que tienes, dale lo que te pidiere.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
Quien mocos envía, babas espera.
El que da dinero manda y el que no de pendejo anda.
Quien más bebe, más sed tiene.
La razón es de quien la tiene.
Juego y bebida, casa perdida.
El solo querer es medio poder.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
Hay ayudas que son lavativas.
Beneficio recibido, dase muy luego al olvido.
Si hubieres menester a alguno, bésale en el culo, si él te hubiere menester, bésete él.
Del que más ayudas, recibirás las puyas.
La caza y los negocios quieren porfía.
Cuando hay sospechas, haya cautela.
Lo malo no está en el uso, sino en el abuso.
La paciencia, en los trabajos se prueba.
En larga jornada, la leve carga es pesada.
Favor con favor se paga
Quien trabaja con pereza, nunca acaba lo que empieza.
Quien tiene compañero, tiene amigo y consejero.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
La cortesía exige reciprocidad.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
A mal de muchos, remedio de pocos.
A quien te hizo beneficio, está siempre propicio.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
La enfermedad y el anciano, siempre de la mano.
El que ha tenido un mujer, merece una corona de paciencia; el que ha tenido dos, la merece de simpleza.
Quien perdona pudiendo vengarse poco le falta para salvarse.