Dilatar la cura y pedir para la untura.
Quien por su gusto padece, que vaya al infierno a quejarse.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Rabo por rabo, más vale ir al propio que al extraño.
Mejor un amigo con siete pecados que un extraño
Chica centella gran fuego engendra.
Nunca te arrepientas de lo que has hecho, arrepiéntete de lo que has dejado de hacer.
Dar carne al lobo.
A caballo ajeno, espuelas propias.
Maña y saber, para todo es menester.
Mas quiero viejo que me regale, que mozo que me mande.
El dinero tiene la cola corta. Por eso cuesta tanto agarrarlo.
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
A quien habla a tus espaldas, el trasero le responde.
Prestar a nunca cobrar, llámale dar.
Los ojos son el espejo del alma.
El que juega con el tabernero o está loco o le sobra el dinero.
Agrada, quien manda.
El Papa y el campesino unidos saben más que el Papa solo.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Amigos, oro y vino viejo son buenos para todo
A la sombra del favor, crecen vicios.
Difama, que algo queda.
Camaron que se duerme se lo lleva la corriente.
Para ver la buena gente solo un ojo es suficiente.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
La pereza es la madre de todos los vicios.
Ve con tu amigo hasta las puertas del infierno. Pero no entres
A la suegra hay que sufrirla, como a la muela picada.
Novia llorosa, sonriente esposa, novia sonriente, llorosa esposa.
Sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo.
Árame bien, que yo te lo pagaré mucho y bien.
A los ojos que aman no les avergüenza mirar
Un hombre puede lo que sabe
La vida es aquello que te va sucediendo mientras tu te empeñas en hacer otros planes.
Componte para el marido y no para el amigo.
Enfermedad larga, cruz a la espalda.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
Hacer de su capa un sayo.
Mujeres xuntas, ni difuntas.
Con pan, vino y carne de cochino, se pasa bien el mal camino.
Donde hay pelo hay alegría.
Madura apenas la mora, y el mirlo se la devora.
¿Por qué atizas?. Por gozar de la ceniza.
El que ha derramado sus gachas de avena no puede recogerlas todas
Antes del alivio viene el arrepentimiento.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
Ir a trocar y no tener que, a muchos suele acontecer.