El criado, el gallo y el amo: un año; si es bueno: dos; ya tres: ¡os!.
Cuando los elefantes luchan, la hierba es la que sufre.
Refranes que no sean verdaderos, y Febreros que no sean locos, pocos.
La cortesía es de quien la da y no de quien la recibe.
Durar menos que un caramelo a la puerta de una escuela.
Amor con amor se paga.
Administrador que administra y enfermo que enjuaga, algo traga.
La verdad es a veces amarga de tragar. Pero, como toda buena medicina, hay que tomarla.
De casa del abad, comer y llevar.
Una mentira puede matar mil verdades.
Si en Mayo oyes tronar, echa la llave al pajar.
Baila Antón según le hacen el son.
Más aburrido que un mico en un bonsái.
Los padres a brazadas, y los hijos, a pulgadas.
De luengas vías, luengas mentiras.
La mujer puede atravesar la roca si se lo propone.
El ingrato por un favor, coces cuatro.
Ocasión y naipes, a todos hacen iguales.
¿Mirón y errarla?.
Entre dos muelas cordales nunca metas tus pulgares.
Con putas y bretones pocas razones.
Tres pies para un banco y el banco cojo.
En diciembre día templado, es que viene solapado.
Mejor una buena separación que una falsa amistad
El buen paño dentro del arca se vende.
Luna en creciente, cuernos a Oriente.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
Cada casa es un caso.
Más vale despedirse que ser despedido.
Juego de manos, rompedero de ano.
Más maestra es la adversidad que la prosperidad.
Los amigos, el aceite y el vino deben ser viejos
Para colmo de males, tratar con animales.
La vida es un gorro; unos se lo ponen, otros se lo quitan.
Dar una de cal y otra de arena.
Al amigo pélale el higo, al enemigo, el melocotón
A cada cabeza, su seso.
¿Para qué tanta librería quien tiene la sesera vacía?.
La liebre y la puta, en la senda la busca.
Mal año o buen año, cuatro caben en un banco.
Burro harón, hacia el pesebre es trotón.
Paga adelantada, paga viciada.
Bestia que no es tonta, sabe quien la monta.
No ser escaparate de nadie.
Cada hombre deja sus huellas.
Cada uno es para si y Dios es para todos.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste.
Dios no se queda con nada de nadie.
Al que a buen árbol se arrima, buena sombra le cae encima.