Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
Decir, dice cualquiera; hacer solo el que lo sepa, quiera y pueda.
El ejemplo es el idioma más persuasivo.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
Tal hora el corazón brama, aunque la lengua calla.
La virtud en sí es un premio
Pedir peras al olmo.
Abril siempre vil; al principio, al medio y al fin.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
Hacer una cosa en un avemaría.
A otra cosa mariposa.
El que fía, o pierde o porfía.
El hablar, es más fácil que el probar.
Cuando escribas alguna carta, leéla despacio antes de enviarla.
El que con cojos anda se llama bastón.
Mano cuerda no hace todo lo que dice la lengua.
Confía en lo que ves
¿Qué haces, bobo?. Bobeo: escribo lo que me deben y borro lo que debo.
Alábate, Pedro; alábate, Juan; que si no la haces tú, nadie lo hará.
Refrán de palo, refrán de fuego.
Borrón de escribano no es sin engaño.
Al herrero con barbas y a las letras con babas.
El mundo es de la gente activa
Al mal caballo, espuela; a la mala mujer, palo que le duela.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Dios escribe derecho, por renglones torcidos.
A la vejez, viruelas.
Deja la h de ayer para hoy.
La alegría es gemela
Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Huevo de una hora; pan de un día; vino de un año; mujer de quince; amigo, de treinta, y echarás bien la cuenta.
Más vale callar que con borrico hablar.
Alabanza propia es vituperio.
Los señores hablan de cosas, los criados de personas.
Ojo por ojo y diente por diente.
Aramos, dijo la mosca al buey.
Quien porfía, alcanza hoy u otro día.
A chica boca, chica sopa.
Escribano, puta y barbero pacen en un prado y van por un sendero.
Hablara yo para mañana.
Quien frena la lengua conserva a sus amigos.
Abrojos, abren ojos.
Más quiero una salchicha que cien palabras bien dichas.
Es más puntual que un ingles.
Dios castiga sin piedra ni palo.
Súfrase y no se reprenda lo que excusar no se pueda.
Boca que no habla, Dios no la oye.
Nadie yerra por callar y hablando mucho, mucho se suele errar.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.