Beba la picota de lo puro, que el tabernero medirá seguro.
La cara del santo hace el milagro.
Al saber lo llaman suerte.
Si Dios cierra una puerta, abre mil otras.
En hacer bien nunca se pierde.
Ser amable es ser invencible.
El tropezón enseña a sacar el pie.
A Dios, nada se le oculta.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
Buen Dios, guárdame de los malos amigos y yo me guardaré de los enemigos
El que atiende a la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde.
Dichosos mis bienes, que remedian mis males.
Dar para recibir, no es dar sino pedir.
Dar a la tierra el grano, para que retorne la mazorca.
Solo el ciego tantea en la oscuridad.
La aguja viste a los demás y permanece desnuda.
No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, Y refrigerio para tus huesos. Proverbios 3:7-8
Hay dos cosas, oh discípulo, que conviene evitar: Una vida de placeres; eso es bajo y vano. Una vida de mortificaciones; eso es inútil y vano.
Una enfermedad que se cura no necesita de muchos adivinos.
Da Dios almendras al que no tiene muelas.
Dineros me dé Dios; que con mi poco saber me aviaré yo.
Quien tiene en el corazón el amor por una mujer, no tiene tiempo de odiar
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
La Justicia y la razón, las más recias armas son.
Pereza no alza cabeza.
Más difícil que abrir una tienda para comerciar es mantenerla abierta.
La nobleza del señor hace bueno al servidor.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
El amor no se mendiga, se merece.
No dar su brazo a torcer.
Todo el mundo quiere llegar a la vejez, pero a nadie le gusta que le llamen viejo.
Confiesa y restituye, que la vida se te huye.
Hay que creer, rajar o desastillar.
Quien escucha lo que no debe oye lo que no quiere.
Acertar errando es suerte y no talento.
A la galga y a la mujer, no la des la carne a ver.
Buen corazón vence mala andanza.
El uso hace diestro, y la destreza maestro.
Todos los blancos tienen un reloj, pero jamás tienen tiempo.
Si quieras que la gente se ría, cuenta tus penas María.
El dolor del viudo es corto pero agudo
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Mejor no empezar algo que no acabarlo.
El hábito es al principio ligero como una tela de araña, pero bien pronto se convierte en un sólido cable.
No te de Dios pleitos, aunque tengas derecho.
Perla brillante arrojada en la oscuridad.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
Amor no sufre ausencia.
Cuando pica un gran pez, suelta la caña, no sea que te largues tras él.
La puerca tira del tapón