Lástima grande que no sea verdad tanta belleza.
Lo que sea que suene.
A quien tiene escopeta, guitarra, reloj y mujer, nunca le falta un trasto que componer.
El andar de la madre, tiene la hija. Siempre salen los cascos a la botija.
Las palabras del anciano son muchas veces oráculo.
Amigos y compadres búscalos entre tus iguales.
La gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?.
No se hablar, y me mandas predicar.
Que no pertenezca a los demás quien puede ser solo suyo
Dinero de canto, se va rodando.
Se llevarán bien la suegra y la nuera, cuando el burro suba la escalera.
¿Qué hace con la moza el viejo?. Hijos huérfanos.
De padre carpintero, hijo zoquete.
Las palabras no dan fuerza a las piernas.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
De Abril y de la mujer, todo lo malo hay que temer.
Quien al molino va, enharinado saldrá.
Las firmes amistades se hacen en las mocedades.
De corsario a corsario, no se pierden sino los barriles.
Buenos amigos y buenos Abriles, uno entre miles.
Donde comen dos comen tres.
Cuando Marzo va a mediar, el invierno ha de acabar.
A cada parte hay tres leguas de mal camino.
Deuda pagada, otra empezada.
No hay mañana que deje de convertirse en ayer.
Las chicas enamoradas y los contrabandistas conocen los atajos
Si no sabes a donde vas, regresa para saber de donde vienes.
El pasajero se conoce por la maleta.
Ahora es cuando chile verde, le has de dar sabor al caldo.
No tropieza quien no anda.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre.
Quien miente, pronto se arrepiente.
Hay quien busca un burro estando sentado sobre él.
No da quien tiene, sino quien quiere.
Badajo alto, campana rota.
A menudo una pequeña chispa logra encender un gran fuego.
Al toro hay que agarrarlo por los cuernos.
Casa donde la mujer manda, mal anda.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
Injerta en Abril y a los tres años cogerás uvas mil.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
Afanes y refranes, herencia de segadores y gañanes.
El vuelco del carro delantero puede servir de aviso al que va detrás.
A siervos y a reyes, da Dios unas mismas leyes.
Hija, no comas lamprea, que tienes la boca fea.
Esta todo dicho pero no hay nada hecho.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
El agua para los peces; para los hombres, vino a montones.