No la hagas y no la temas.
No des la hacienda antes de morir, que los tuyos te harán sufrir.
Si te pica el alacrán, busca cura y sacristán.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
A veces un veneno, para sacar otro es bueno.
Refranes viejos, recortes del evangelio.
Coge las flores del buen tiempo; que pronto llegara tu invierno.
Maestro de atar escobas.
Ayatola no me toques la pirola.
Con la mujer y con la mar hay que saber navegar.
Por San Juan, los días comienzan a acortar.
Dibujar una serpiente añadiéndole patas.
Con el favor no te conocerás, sin él no te conocerán.
Ni para Dios, ni para el diablo.
Fía y vende bien, que la paga ella se bien.
Ocasión que se pasó, pájaro que voló.
Después de la victoria, aprieta el casco.
Oír es precioso para el que escucha.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
Abad de aldea, mucho canta y poco medra.
No hay asqueroso que no sea escrupuloso.
De lo que no sabes, no hables.
Médico sin ciencia, poca conciencia.
Zanja tu cuestión por albedrío de buen varón.
Yo comienzo por hacer la guerra. Ya se encargarán los políticos de demostrar que era justa.
Oír como quien oye llover.
No maldigas la oscuridad, enciende la vela.
No bastan estopas para tapar muchas bocas.
Al miserable y al pobre, la pena doble.
Amor no quita conocimiento.
Compañía, ni con la cobija.
A causa perdida, mucha palabrería.
Lo que siembres, recogerás.
Hacer una montaña de un grano de arena.
Nadie con su suerte está contento y todos con su talento.
Nada abriga mejor que el calor de una sonrisa.
Al amigo, nunca lo pruebes.
Buena barba, de todos es honrada.
La ignorancia es la madre del atrevimiento.
Las palabras solo son buenas cuando van acompañadas de las obras.
Donde mengua el trigo, abundan los cerdos
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
En cada tiempo, su tiento.
Ilusión es para un calvo tener en su calva algo.
Casa en canto, y viña en pago.
Ruego y derecho hacen el hecho.
Los ojos se abalanzan, los pies se cansan, las manos no alcanzan.
A otra puerta, que ésta no se abre.
Beatas con devoción, las tocas bajas y el rabo ladrón.
Para cada hombre sabio hay un más sabio.