Por sus pasos contados, va el ladrón a la horca, y todos a la muerte vamos.
Cuanto más gordo sea tu enemigo, mejor para vencerle. Es más fácil clavar un cuchillo en el buey que una uña en la pulga.
La cortesía de un solo lado no puede durar mucho tiempo.
Todo se andará si la vara no se rompe.
El ocioso vale para la plaza pero no para el trabajo.
Necesidad disimulada es necesidad doblada.
Quién dice la verdad nunca se equivoca.
Se supone que es una virgen; en resumen, todo va bien.
Buen arte es el médico que sotierra su yerro.
Lo que no está prohibido está permitido.
Los niños, ni ocultan mentiras, ni callan verdades.
Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estas en apuros.
Tratar (uno) a los demás tal como lo tratan.
De mujer que es madre, nadie nunca mal hable.
Donde entra el mucho vino, sale el tino.
Mi marido es tonto y yo vivaracha; cuando yo salto, el se agacha.
Un huésped constante nunca es bienvenido.
Basura es todo lo que en el suelo se barre, y aunque remonte a las alturas, cuando baje seguirá siendo basura.
El cangrejo de río está del lado del cangrejo de mar.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
Quien dinero tiene, come barato y sabio parece.
El que de treinta no sabe y de cuarenta no tiene, no lo aguarde si no es que herede.
Un abogado listo, te hará creer lo que nunca has visto.
A fuerza de probaturas perdió el virgo la Juana.
Saber y no recordar, es lo mismo que ignorar.
Ni hierba en el trigo ni sospecha en el amigo.
Vino y mujer, te ponen al revés.
Tranquilidad viene de tranca.
La zorra solo una vez en el lazo se toma.
Nada es barato sin una razón.
No hay que confundir lechuza con tero, porque una es bataraz y el otro picaso overo.
En carnaval todo pasa, hasta los novios a las casas.
Ráscate la pierna, que te duele la cabeza.
A rocín viejo, cabezada nueva.
El Abad de Compostela, que se comió el cocido y aún quiso la cazuela.
Aprieta el pan que se te cae la magra.
Zapato de ramplón, de larga duración.
Fue a santiguarse, y sacóse un ojo.
El sabio siempre quiere aprender; el ignorante siempre quiere enseñar.
Los placeres más dulces no están exentos de dolor
A la que te criaste, te quedaste.
La sarna que no pica, a nadie mortifica.
La gotera dando y dando, la piedra va perforando.
Antes cabeza de ratón que cola de león.
El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua.
Con tijeras propias y tela ajena, ¡qué bien se corta!.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
Quien tiene ocios, le salen mal los negocios.
A la ramera y al juglar, a la vejez les viene el mal.
Lo que te dice el espejo no te lo dice tu hermana carnal.